La identidad nacional ha estado en el centro de las narrativas históricas desde la llegada de la contemporaneidad y la institución escolar ha sido uno de los agentes encargados de difundirla y naturalizarla. La progresiva escolarización de la población desde el siglo XIX cumplió (y cumple) una función clave como instancia para la construcción y reproducción de una esfera nacional. En ese proceso, la asignatura de Historia se erigió desde el principio como un elemento de primer orden a la hora de impulsar, difundir y afirmar la identidad nacional ligada a los Estados-nación en construcción. Mediante un relato historicista y teleológico y una trama organizada alrededor de grandes hechos y personajes, esta disciplina fue utilizada durante más de un siglo para mostrar la nación como una realidad depositaria de unos valores pretendidamente inmutables que el alumnado debía conocer, valorar y defender. A partir de los años setenta y ochenta, los cambios sociopolíticos y toda una serie de reformas educativas comenzaron a erosionar algunos de los elementos clave de dichas narrativas nacionales, así como los discursos que justificaban su estudio en las distintas etapas educativas. Ahora bien, ¿cuáles han sido las implicaciones y el alcance de estos cambios en las últimas décadas? ¿Podemos afirmar que la Historia escolar ha perdido sus finalidades identitarias? ¿Cómo ha repercutido todo esto en la valoración social de sus usos públicos? Podría considerarse, a fuerza de simplificar, que todos estos cambios abrieron dos grandes posibilidades para la Historia escolar: por un lado, contribuir a normalizar o reproducir discursos históricos de nación ya presentes fuera de la escuela (en medios de comunicación, en la familia, etc.); por otro, aportar herramientas para pensar históricamente la nación, comprendiendo su historicidad e impugnando estereotipos esencialistas, una vía cercana a las aproximaciones generadas por la historiografía. Durante los últimos años, la investigación educativa centrada en el campo de la Didáctica de las Ciencias Sociales se ha ocupado de estas cuestiones y ha intentado dar respuesta a estas preguntas. En este capítulo presentamos los resultados de algunos de los estudios realizados y proponemos futuras líneas de trabajo que permitan ir avanzando hacia una educación histórica que problematice la identidad y fomente la inclusión.
Octaedro










