En seguimiento a las transformaciones económicas mundiales, en México ha tenido lugar un proceso de financiarización acompañado de estrategias de austeridad del gasto público. La intervención del Estado a través de medidas de política económica ha sido determinante para la institucionalizar los principios del modelo de acumulación por tributo, empobrecer a los hogares. Así, los trabajadores han perdido la posibilidad de negociar sus salarios, en la actualidad perciben un salario real equivalente a poco más de la mitad obtenida en el año 1976. Además, su capacidad de gasto disminuye por el pago rentista de sus deudas concedidas a alta tasa de interés, variable utilizada como instrumento del control de la inflación, captador de flujos de capital encargados de mantener apreciado el tipo de cambio, impulsor de la competitividad internacional de la nación-empresa llamada México. El gobierno de la austeridad republicana no ha resquebrajado esta dinámica económico-política.











