En su compromiso por lograr un desarrollo global y humano sostenible, la Agenda 2030 de la ONU tiene en los países del tercer mundo un reto a gran escala. El desafío pasa por una reestructuración casi completa de sociedades con una tasa de pobreza elevada y una carencia de recursos que, a menudo, tiene más que ver con la tradicional expoliación dada en según qué flujos coloniales que con una radical ausencia de patrimonio natural. Una futurible solución, por tanto, habría de contemplar un nuevo régimen de aprovechamiento que haga de la escasez virtud. El Objetivo de Desarrollo Sostenible número 9 marca como meta “Construir infraestructura resiliente, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación”. Es decir, plantea una remodelación a nivel de infraestructura y de industria con la innovación como brújula, entendiendo esta como fórmula transformadora que resulte en un impacto fehaciente tanto a pequeña como a gran escala, de particular urgencia en ciertos países del África Subsahariana con un bajo índice de desarrollo.
Tirant lo Blanch











