En la tragedia Ayante de Sófocles se concede un valor importante a la ironía y la ambigüedad del conocimiento y el desconocimiento de la realidad. El personaje es ridiculizado por la diosa Atenea, en una escena prologal que ha sido calificada como “metateatral”, en que el propio Ulises reconoce su ignorancia ante las circunstancias externas que envuelven al protagonista, que parece convertido, como Edipo, en paradigma de los avatares humanos. Esta ironía es reflejada léxicamente durante toda la obra mediante la repetición de estructuras y motivos similares, que refuerzan y enfatizan las diferentes voces que los personajes representan.











