Este texto versa sobre lo que se esconde bajo la perpetuación de una condición constitutivamente efímera como la de “inmigrante”. Voluntades políticas poderosas vehiculan una determinada lectura del hecho inmigratorio que tiene consecuencias directas en la definición, dentro de un Estado, de un «ellos» y de un «nosotros», es decir, de los límites del propio Estado y de la nación que le hace de cuerpo. En caso de que corresponde a Cataluña, la ritualización, escenificación e institucionalización, desde hace ya treinta y cinco años de la llegada de nueva población durante la segunda mitad del siglo XX, instaura qué estamentos son los que tienen poder para imponer los límites de la nación catalana. La perspectiva sociológica ofrece una lectura crítica de las implicaciones políticas de la noción de inmigrante. En estas páginas se describe e interpreta el fenómeno de la eclosión de lo que todavía se conoce como casas regionales en Cataluña coincidiendo, no con la llegada de nueva población a nuestro país entre los años cuarenta y setenta, sino con la elaboración del nuevo Estatuto de Autonomía y la transición a la democracia en el Estado español. Con esta línea se abordará la significación particular de los centros culturales andaluces, tratando así el tema de la expresión de «andalucismo político». Posteriormente, se tratará el «clientelismo» electoral puesto en marcha por los dos partidos mayoritarios en Catalunya, CiU y PSC/PSOE, en su relación con estos centros, el papel que han jugado estos en relación con el problema heredado del régimen franquista: la guetización de los suburbios de la periferia y unas reflexiones finales en torno a los usos sociales y políticos de la perpetuación de la condición de «inmigrante».
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