Pasajes: Revista de pensamiento contemporáneo. 2019. No. 57

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    Prípiat o el Sol: en diálogo con la propuesta ecosocialista de Joaquim Sempere [Reseña]
    (2019) Garcia, Ernest
    Reseña de: Joaquim Sempere, Las cenizas de Prometeo: Transición energética y socialismo, Barcelona, Pasado & Presente, 2018
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    Entrevista a Julian Savulescu: La evolución ha equipado al animal humano para decidir su propio destino
    (2019) Diéguez Lucena, Antonio Javier; Rodríguez López, Blanca; Savulescu, Julian
    Julian Savulescu es profesor de Ética Práctica en la Universidad de Oxford y director del Centro Uehiro para la Ética Práctica de dicha Universidad. Se doctoró en la Universidad de Monash bajo la dirección de Peter Singer. Ha sido editor del Journal for Medical Ethics. Es uno de los mejores especialistas mundiales en el análisis de las cuestiones éticas suscitadas por las nuevas tecnologías, especialmente por las tecnologías biomédicas, y un firme defensor del uso de estas tecnologías para la mejora moral del ser humano. Quizás su propuesta filosófica más conocida sea el Principio de Beneficiencia Procreativa, según el cual, cuando sea tecnológicamente posible, los padres deberían seleccionar a sus hijos que presumiblemente vivieran las mejores vidas, o al menos tan buenas como las de todos los demás, de acuerdo con la información relevante disponible en cada momento. Este principio establece, pues, la obligación moral de elegir las mejores características que puedan darse mediante la tecnología a la descendencia.
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    Los ojos del poderoso. Periodismo, Internet y derechos humanos
    (2019) Peris, Manuel
    En los setenta años transcurridos desde la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el mundo ha sufrido importantes transformaciones: la descolonización; la caída del muro de Berlín y el hundimiento del bloque soviético; la globalización financiera y el triunfo del neoliberalismo; la revolución feminista todavía en marcha, y, finalmente, la irrupción de Internet, con la consiguiente revolución digital y el desarrollo de la llamada inteligencia artificial. Todo lo que está suponiendo esta última transformación afecta de manera singular a los derechos fundamentales, pues incide directamente en un elemento esencial de los derechos humanos como es la libertad de opinión y de expresión. Históricamente, ya desde su nacimiento, durante el siglo xviii, periodismo y derechos humanos están íntimamente unidos: ambos son hijos de la Ilustración. «La libertad de pluma –escribió Kant– es el único paladín de los derechos del pueblo. [...] Pues querer arrebatarle esta libertad no solo es arrebatarle toda pretensión a tener derechos frente al supremo mandatario [...] sino también privar al mandatario supremo [...] de toda noticia acerca de aquello que él mismo modificaría si lo supiera». Junto a los libros, las academias, las sociedades y los salones literarios, o los clubes ingleses –como el Scriblerus Club, fundado por Jonathan Swift–, las nuevas ideas se transmitieron a través de los periódicos, que fueron el principal portador de la Ilustración. En toda Europa, los periódicos fueron un vehículo flexible y ágil para exponer y discutir los ideales ilustrados y más en concreto los valores y principios que formarán la cultura de los derechos humanos. De esta manera, los filósofos fueron moldeando el concepto de opinión pública, que «dejó de ser en el siglo xviii una creencia incierta e indemostrable para convertirse en la convergencia de las valoraciones de los individuos en un proceso colectivo para desvelar o descubrir la verdad».3 Es precisamente la expresión en el espacio público de las ideas ilustradas lo que, en principio, acaba con el secretismo de los arcani imperii (misterios o secretos de Estado) y con los dogmas indiscutibles de la Iglesia. De ahí que, «el progreso de la opinión pública suponía el retroceso del Estado Absoluto».4 Por eso, decía Condorcet, que cuando un pueblo no era ilustrado por filósofos –hoy diríamos informado verazmente– corría el peligro de ser manipulado por charlatanes.5 Una advertencia que sigue vigente, como ha habido ocasión de comprobar con la elección de Donald Trump, o con el esperpéntico referéndum del brexit.
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    El desafío posthumanista [Reseña]
    (2019) Moya, Andrés
    Reseña de: Yuval Noah Harari, Homo Deus. Breve historia del mañana, Barcelona, Debate, 2016, 489 pp.
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    Pesimismo y neopopulismo
    (2019) Gil Villa, Fernando
    La mayoría de la gente sabe hacer un huevo frito, pero no por ello se consideran cocineros. De igual forma, venía a decir Gramsci, todos somos intelectuales, aunque esa no sea nuestra función social (1966: 6). Un siglo después, esa reflexión parece aún más oportuna en nuestro tiempo, al haberse invertido en un siglo las proporciones entre el trabajo manual y el trabajo intelectual. Al mismo tiempo, ha aumentado el nivel de estudios de la población general en todo el mundo, así como también el nivel de información recibida cotidianamente por parte de los medios de comunicación clásicos y tecnológicos sobre todas las dimensiones de la vida humana.
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    ¿Qué espacio le queda al amor tras sobrevivir a Birkenau? [Reseña]
    (2019) Batalla Gavaldà, Ana Lucía
    Reseña de: Marceline Loridan-Ivens y Judith Perrignon, L’amour après, París, Grasset, 2018, 157 pp.
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    De cómo el pensamiento dominante lo devora todo. El caso de Chaves Nogales
    (2019) Espinosa Maestre, Francisco
    El mito de la «Tercera España», cuyo origen resulta un tanto confuso, aunque se suele asociar a Niceto Alcalá-Zamora y a Salvador de Madariaga, resurgió a fines del siglo pasado con el libro de Andrés Trapiello Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939), publicado por Planeta en 1994. Como he escrito en otra ocasión1 esta obra, un compendio de historias y leyendas carente del más mínimo aparato crítico, vino a ser una respuesta a Literatura fascista española, de Julio Rodríguez-Puértolas (Akal, 1986), que reunió allí a los escritores que apoyaron el fascismo español mostrando una amplia selección de los textos que escribieron. Para el pensamiento dominante que se había ido consolidando desde la transición, este libro resultaba una provocación al mostrar abiertamente un pasado que se consideraba enterrado desde que se aprobó la Constitución de 1978. Además, ese contenido se oponía frontalmente a la campaña que desde 1983 venía haciéndose desde El País, por entonces la «referencia dominante», a favor de algunos de esos escritores, caso de Foxá, Sánchez Mazas, Mourlane, Del Valle, D’Ors, Torrente, Tovar, Rosales, Vivanco, Laín o Ridruejo por parte de Pere Gimferrer, Francisco Vega Díaz o Rafael Conte. Trapiello, en esa misma línea, los reivindicaba, lo cual no era novedad, ya que lo venía haciendo desde los primeros años ochenta cuando decidió recuperar a Sánchez Mazas en la editorial Trieste. Sirva este preámbulo para que quede claro el contexto en que enclavar la recuperación de la «Tercera España».
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    Sobre la controversia en torno a la mejora moral
    (2019) Rodríguez López, Blanca
    El mundo está lleno de violencia, dolor, muerte y destrucción, en buena parte provocados, o al menos consentidos, por los humanos. No es una novedad afirmar que no somos ángeles. Por eso, precisamente, desde sus inicios la humanidad, a través de sus instituciones, desde la educación hasta las normas sociales y la ley y todo el proceso de socialización en el que nos vemos inmersos desde el nacimiento, ha tenido entre sus objetivos, más o menos explícitos, conseguir que seamos moralmente mejores, menos agresivos, más compasivos y solidarios. Y no con poco éxito. Tal y como argumenta Steven Pinker es su obra, traducida el castellano con el título Los ángeles que llevamos dentro, nuestra sociedad es ahora mucho menos violenta en todos los niveles, desde el descenso en las muertes violentas hasta la práctica desaparición en buena parte del mundo de los castigos corporales y las ejecuciones públicas. Mediante el avance del conocimiento y la evolución de nuestras instituciones no solo hemos cambiado el mundo, sino que hemos cambiado nosotros, cambio que se percibe con claridad en el aumento de eso que llamamos sensibilidad moral y que hace que hoy nos parezcan inaceptables cosas que hace no ya mil años sino cien (o cincuenta) no nos hacían levantar una ceja. Por poner un simple ejemplo, el abandono de un niño es en nuestros días materia de telediario. A todos estos medios de mejorar moralmente (educación, lecturas, inculcar en casa valores morales a los niños, etc.) les llamaremos, siguiendo la costumbre, tradicionales.
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    ¿Podremos vencer a la muerte?
    (2019) Diéguez Lucena, Antonio Javier
    «¿Cómo será la sociedad del futuro?». Es la pregunta con la que se llenan cada vez más páginas en los periódicos, con artículos de fondo o con suplementos dedicados al impacto de las nuevas tecnologías. Es obvio, sin embargo, que nadie puede darle una respuesta segura, y tanto más insegura será la que se dé cuanto más alejemos en el tiempo las predicciones. Nadie sabe lo que nos espera pasadas dos o tres décadas. Los rápidos avances científico-técnicos desalientan a todo el que aspire a ser siquiera un profeta menor. Cuanto más poderosa es nuestra tecnología, más acelera su crecimiento y menos alcance logra nuestra visión. Quizás dentro de quinientos o mil años los seres humanos hayan sido sustituidos por una especie posthumana, quizás sean cíborgs integrados perfectamente en sus cuerpos semiartificiales, quizás no queden más que máquinas superinteligentes que contengan muchas mentes humanas como parte de su memoria, pero quizás no haya nada de todo esto porque la humanidad no haya podido superar una crisis ecológica global o una nueva guerra mundial. A lo sumo, podemos especular –y utilizo esta palabra con la intención de subrayar la precariedad epistémica de este discurso– con lo que puede pasar con cierta probabilidad en el plazo de unos diez o veinte años; y ya esto supone un gran atrevimiento.
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    Transhumanismo, posthumanismo, Antropoceno: notas sobre la humanidad vertiginosa
    (2019) Arias Maldonado, Manuel
    El filósofo alemán nos habla aquí de una moralidad que, al estar circunscrita históricamente, es por definición provisional: sabemos hoy lo que creíamos ayer, pero no lo que creeremos mañana. Pero se diría que Nietzsche también está anticipando, aun de manera indirecta, el punto de vista del transhumanismo. Ya que si nos situamos en el futuro, nuestra temerosa reacción ante las posibilidades ofrecidas por el transhumanismo estarían revelando un juicio «limitado y precipitado». ¿Acaso no evaluamos con arreglo a los parámetros morales contemporáneos una propuesta de vanguardia, que dice traernos noticias del porvenir? Nos conduciríamos como un «pueblo salvaje y atrasado» que todavía está lejos de poseer el grado supremo de inteligencia que el transhumanista promete. Hablar de pacto fáustico y del peligro de la eugenesia, como hace Paula Sibilia en su reflexión sobre «el hombre postorgánico» equivaldría entonces a emplear un lenguaje inapropiado;2 por más que sea aquel que tenemos a mano.
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    Por qué es casi seguro que tu mente no está (ni estará nunca) en un ordenador
    (2019) Zamora Bonilla, Jesús Pedro
    En este artículo ofrezco algunos argumentos para desmontar dos ideas recurrentes en la reciente literatura transhumanista: la de que podremos alcanzar una especie de «vida eterna virtual», grabando el contenido de nuestra mente en un ordenador, y la tesis de que es muy probable que, de hecho, estemos viviendo ya en el interior de una especie de «simulación informática». Un principio importante de cualquier epistemología social razonable dice que el porcentaje de ideas que son absurdas, entre las ideas que suenan absurdas, es extremadamente elevado. Naturalmente, un montón de ideas de las que sonaban absurdas han terminado mostrándose acertadas (por ejemplo, la idea de la evolución de especies diferentes a partir de un antepasado común, la idea de que la tierra es un planeta que gira en torno a una estrella, la idea de que la materia está formada por átomos, etc.), pero por cada una de estas «victorias del ingenio contra el sentido común», miles de afirmaciones absurdas han existido y existirán. Esto significa que no te estás comportando como un estúpido reaccionario cuando tildas instintivamente una idea como «estúpida» si ves claramente que contradice al sentido común, sino solo que tu cerebro está poniendo en práctica un sano escepticismo. «Las afirmaciones extravagantes requieren pruebas extraordinarias», y tu escepticismo natural solo tiene permitido batirse en retirada cuando se empiezan a presentar dichas pruebas.
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    Presentación del dossier sobre "transhumanismo"
    (2019) Moya, Andrés; Diéguez Lucena, Antonio Javier
    el posthumanismo es en buena medida un intento por superar el antropocentrismo. Su querencia por la figura del cíborg, tal como fuera definida por Donna Haraway a principios de los noventa, está lejos de constituir una exaltación de la tecnología a la manera transhumanista: el prefijo, aquí, es el mensaje. Nada lo atestigua con más claridad que la intervención de la misma Haraway en el debate sobre el Antropoceno, para el que concibe un peculiar nombre alternativo: el «Chthuluceno», en referencia al dios ideado por el escritor norteamericano H. P. Lovecraft.5 Haraway entiende que el sujeto occidental está lejos de ser el centro del mundo, siendo más bien uno de los nodos de la más amplia red de conexiones humanas y no humanas de la que deberíamos hacernos cargo. La metáfora de la red quiere referirse aquí a una realidad plagada de interdependencias, extraña a los dualismos que han solido organizar nuestro conocimiento y orientada a una reconciliación entre las distintas esferas de la existencia. Este marco epistemológico encuentra su expresión más ambiciosa en el «materialismo encantado» de Jane Bennett, quien nos anima a ver la materia misma como algo vibrante y vivo, susceptible de ser incorporada a una nueva «ecología política de las cosas» que disuelva las fronteras entre lo humano y lo no humano.6 Nótese que el planteamiento posthumanista incorpora sin reparos la tecnología al catálogo de los rasgos humanos, buscando con ello no obstante disolver los dualismos tradicionales: naturaleza/cultura, cuerpo/mente, vida/ materia. Su interés por la totalidad, sin embargo, puede hacerle perder de vista que es justamente la excepcional potencia tecnológica del ser humano la que lo distingue del resto de miembros de la red: el actor humano, por emplear las categorías de Latour, posee una capacidad desestabilizadora superior a la de los actantes no humanos.7 Y de ahí se deriva una especial responsabilidad.