JOSÉ PucHE ÁLVAREZ EJEMPLO DE HONESTIDAD REPUBLICANA María Fernanda Mancebo Alonso Universidad de Valencia José Pu che Álvarez (Archivo de la Palabra. Instituto Nacional de Antropología e Historia de México) JosÉ PucHE ÁLVAREZ EJEMPLO DE HONESTIDAD REPUBLICANA A José Puche Planas y M. ª Teresa Arregui Yo me considero un hombre liberal, y hasta liberal de izquierda, y diría que un hombre de izquierda es aquél que está dispuesto a modificar su modo de pen­ sar en beneficio de la colectividad ... Entrevista a José Puche, Palabras del exilio 1, p. 48. El doctor José Puche fue uno de los exiliados más significativos de Izquierda Republicana. Ligado a José Giral y a Manuel Azaña desde los años treinta, es otro de los profesionales que no dudaron en sacrificar su carrera y su quehacer científico por servir al pueblo de España, en su concreción política republicana. Aunque la Segunda República fuera, en un principio, el resultado de la oposi­ ción burguesa al bloque dominante del Antiguo Régimen, sin duda, por unos años, burguesía y clase trabajadora se unieron en un esfuerzo común para transformar la España decimonónica y atrasada en un país liberal, democrático y solidario ... que más tarde destruiría Franco. Sin dar a los intelectuales un protagonismo excesivo, existieron dos partidos, cuyos líderes procedían de esa burguesía liberal, en la que se reconocía José Puche. Por una parte, el Partido Socialista que, junto a líderes obreros como Prieto o Largo Caballero, contaba con intelectuales de gran categoría como Julián Besteiro, Fernando de los Ríos, Luis Araquistáin o Juan Negrín. Y Acción Republicana, des­ pués Izquierda Republicana, cuyo origen puede situarse en el Partido Reformista de Melquíades Álvarez, como se sabe partido de profesores e intelectuales en la segunda década del siglo. Después, en los años treinta, Manuel Azaña desde la tribuna del Ateneo agrupó a los republicanos disconformes con la demagogia y el populismo de un Lerroux, captó también a elementos de la postura liberal republi­ cana y más tarde a los radical socialistas de Marcelino Domingo y de la Organiza- 213 ción Republicana Gallega Autonomista (O.R.G.A.). Intelectuales en su mayoría, profesores o de profesiones liberales, pero, sobre todo, individuos honestos e inte­ ligentes de clases medias, cuya decisión política desvió el cauce normal de sus vidas, acabando unas veces en el exilio, otras más duras en las cárceles franquistas o en la muerte o en el silencio. Si se examina el programa de Izquierda Republicana y el del Partido Comunis­ ta salta a la vista la diferencia esencial de los planteamientos «de clase». Un republi­ cano, por mucho que quisiera cambiar la sociedad, nunca podría admitir el coste social y humano que significaba una revolución bolchevique al estilo de la soviética -por aquellos años la dictadura estalinista, incluso el marxismo-leninismo, eran ya conocidos en Europa-y no encajaban en el proyecto reformista republicano, ni, incluso, socialista. U na cosa era derrocar la Monarquía con todo lo que suponía de corrupción, privilegios feudales, apoyo de la Iglesia y del Ejército, capitalismo y explotación de los trabajadores, y otra muy distinta los campos de concentración para los disidentes, el GULAG, y el exterminio de los que defendían sus derechos como hombres y ciudadanos. Por eso es, cuando menos escandaloso, que el fran­ quismo calificase como «rojos» y persiguiese a muerte a hombres y mujeres del talante de un Puche, un Max Aub, o una Carmen Parga. PERFIL FAMILIAR Y ACADÉMICO José Puche Álvarez (1896-1979), nació en Lorca (Murcia) en una familia de clase media acomodada. Pronto murió su padre y la madre, todavía joven, contra­ jo nuevo matrimonio con Joaquín Thomasa de Subirá, hijo mayor de una familia catalana distinguida. Padastro que hizo de padre a todos los efectos y que, según palabras del propio Puche, hizo posible su educación «en un hogar catalanista y liberal».1 La Barcelona de principios de siglo estaba inmersa en un ambiente nacionalista y socialmente muy agitado, con una burguesía próspera y una clase trabajadora muy politizada. Todo ello influiría, junto a la postura liberal y abierta de su familia y maestros, en su pensamiento posterior. Su madre era católica y estudió la enseñanza primaria en colegios religiosos pero cursó la secundaria en el Instituto general y técnico fuera de la disciplina del internado. Según su testimonio: En España, la enseñanza que ofrecía el Estado era muy precaria, deficiente; insuficientes tanto los medios como los profesores; en contraste, las congrega­ ciones religiosas ofrecían mejor preparación y asurrúan el papel de educadores 214 de la clase media y de la clase elevada. Tenían, en general, una influencia muy marcada en todo el país, porque aunque la Universidad era laica, también allí llegaba, más o menos, la influencia religiosa a través de sus discípulos, ya con­ vertidos en maestros, catedráticos ... 2 Después de vivir cinco años en Argentina por razones de trabajo de su padre, volvieron a Barcelona y allí estudió la carrera de Medicina y comenzó su relación con el núcleo de profesores e investigadores de las distintas disciplinas. Tampoco la universidad contaba en los años de su licenciatura (1917-1922) con las condiciones adecuadas para una buena formación, pero José Puche, alentado por algunos maes­ tros como August Pi i Sunyer y José M.ª Bellido Golferich, optó y consiguió la plaza de interno por oposición en el hospital de la Santa Cruz y San Pablo y, más tarde, la de alumno interno en la cátedra de Fisiología. De esta manera reforzó su formación académica en dos áreas que constituyeron el fundamento de su profe­ sión posterior: la labor clínica como internista y la investigación fisiológica. 3 August Pi i Sunyer era hijo del catedrático de Patología General de la Univer­ sidad de Barcelona, J aume Pi i Sunyer, y pertenecía a una de las familias más cono­ cidas social y científicamente de Barcelona. Por su relación con ellos, la trayectoria de Puche se asemejaría a la de otro profesor y médico, en este caso valenciano,Juan Peset, con quien se encontraría en la Universidad de Valencia. Ambos, estimulados y orientados por sus mayores. José Puche, como alumno distinguido, gozó del prestigio y de las buenas condiciones de trabajo de su maestro que, como él mis­ mo, marcharía al exilio de Venezuela al término de la Guerra Civil. Su compromiso político con el Partido Republicano Federal influyó también en la posterior adhe­ sión de Puche a los republicanos de Azaña. Finalmente, y para terminar su relación con Barcelona, es necesario mencionar la actividad del Institut d'Estudis Catalans (1907),4 que, a semejanza de la Junta para la Ampliación de Estudios, facilitaba el trabajo de los investigadores. Creado por la Diputación de Barcelona por iniciativa de Prat de la Riva, su objetivo era llegar a ser una «Corporación académica, científica y cultural que tiene por objeto la alta inves­ tigación científica y principalmente la de todos los elementos de la cultura catalana». La relación de Puche con el Institut no fue de carácter institucional pero, sin duda, se benefició del ambiente creado y de que su maestro August Pi i Sunyer pertenecía a la comisión de ciencias. Entre 1922 y 1926 trabajó en su tesis doctoral por lo que tuvo que trasladars_e a Madrid. Pero allí conectó con el otro gran centro de la investigación española: la Junta para Ampliación de Estudios. Entre sus actividades científicas había creado unos modestos laboratorios en la calle Fortuny 14, en el pequeño recinto que alber­ gaba a los residentes, para completar la formación de los investigadores y estudian- tes de medicina y ciencias. 5 De allí pasaron al Cerro del Aire, llamado más tarde Colina de los chopos, donde actualmente se ubica la Residencia de Estudiantes ( calle Pinar 21) y también el pabellón que se dedicó a los laboratorios: El Trasatlán­ tico. 6 En 1915, a los que ya existían, se añadió el de «Química fisiológica», bajo la dirección de Antonio Madinaveitia y José M. Sacristán, y en 1916 el de «Fisiología general» dirigido por Juan Negrín y el de «Fisiología y Anatomía de los centros nerviosos» por Gonzalo R. Lafora que funcionó dos años y dejó publicados varios trabajos de investigación. Todos ellos fueron subvencionados por la J.A.E., con modestos recursos y escaso número de plazas.7 Casi todos los directores marcha­ ron al exilio al acabar la guerra. Jaume Pi i Sunyer, después de un viaje de información por Europa con otros becarios de la Mancomunidad de Cataluña, facilitó a Puche el acceso al laboratorio de Fisiología que «ocupaba no más de un centenar de metros en el pabellón desti­ nado a los laboratorios científicos. En aquel recinto limitado fueron aposentados con decoro los laboratorios de demostración, los dedicados a los investigadores, la biblioteca, y un simpático rincón donde, después de la refacción, un grupo de amigos solíamos charlar ... La información que allí se recibía era de primer orden, como seleccionada por nuestro anfitrión, don Juan N egrín, que ... acababa de re­ gresar de Alemania. La Junta ... tuvo el acierto de atraerlo a la dirección del labora­ torio de Fisiología donde, rodeado de un grupo de discípulos, continuamente renovado, realizó una labor insuperable durante bastantes años ... ». 8 Así lo caracteri­ zaba años después el doctor Puche y, no es extraño por tanto que, cuando Negrín necesitó hombres de confianza para misiones políticas, recurriera a aquellos alum­ nos que había conocido bien. Durante su estancia en la Residencia -aunque José Puche no se encuentra en la relación de «residentes» que incluye Margarita Sáenz de la Calzada-,9 además de trabajar en la tesis, conoció a algunas de las figuras más representativas de la medi­ cina y la ciencia española: Teófilo Hernando, Gregario Marañón, Pío del Río Hor­ tega, Blas Cabrera, Enrique Moles o Juan Madinaveitia ... e hizo gran amistad con el colaborador más cercano a N egrín, José Domingo Hernández Guerra. Conseguido el grado de doctor en Medicina con una tesis que publicó con el título El sistema nervioso autónomo en la regulación de la leucemia, 10 siguió trabajando en Barcelona hasta 1929, se casó con Carmen Planás y tuvo tres hijos, dos mujeres y un varón, Pepe Puche Planás, a quien hemos de agradecer su amistad y toda la ayuda que nos ha prestado para el estudio del exilio de los científicos. Fue nombra­ do académico de la Academia de Ciencias Médicas de Barcelona (1926) y pensio­ nado por la Mancomunitat de Catalunya a las universidades de Gante, Libre de Bruselas, U trecht y Lund entre 1928 y 1929. 216 Con este bagaje opositó y consiguió la cátedra de Fisiología de Salamanca, donde pudo conocer y tratar a Unamuno, que «era un poco el mentor de los catedráticos de todas las facultades ... Muchas veces, muchas tardes, salíamos a pa­ sear con él por la carretera de Zamora y él llevaba siempre la dirección de las conversaciones y opinaba sobre todo lo divino y lo humano. Fue un conocimiento que dejó bastante huella en nú ... ».11 Pero al cabo de un año, habiendo quedado vacante la cátedra de Valencia al fallecer su titular Adolfo Gil y Marte, obtuvo el traslado. Y en esta ciudad se integró definitivamente en la universidad hasta su nombramiento como inspector general de sanidad del Ejército de tierra en 1938. También en Valencia había empezado a formarse un grupo de profesores en torno a la universidad, a la revista Crónica médica, y al Instituto Médico Valenciano. La Crónica médica, fundada en 1865 por Manuel Candela, había sido relanzada por Juan Peset (medicina legal y toxicología) y otros profesores de la Facultad de Medicina que habían adoptado la nueva medicina de laboratorio. Luis U rtubey, Manuel Beltrán Báguena y el propio Juan Peset fueron pronto sus amigos y colabo­ radores en Valencia, aunque su amistad iba más allá de la afinidad profesional, ya que también coincidían en la formación humana y la ideología política. Al poco tiempo pasó a formar parte del comité de redacción y en esta revista publicó varios de sus trab~jos. Por otra parte, desde la época de Gil y Marte el Departa­ mento de fisiología contaba con instalaciones para experimentar con animales y un laboratorio para las experiencias químicas, observaciones microscópicas y prácticas de vivisección. Todo en un nivel muy modesto pero que abría las posibilidades a la investigación experimental personal y con los alumnos, como había visto trabajar a sus maestros en Barcelona y Madrid. Aquí los más cercanos fueron Manuel U sano y Domerio Mas, estudiantes que pertenecían a la Federación Universitaria Escolar (F.U.E.), y que más tarde encontraría en el exilio de México. Entre 1930 y 1935 publicó un total de trece artículos de investigación, conti­ nuando las líneas de trabajo iniciadas en Barcelona, pero desde que fue elegido rector tras el triunfo del Frente Popular solamente se conoce un trabajo en colabo­ ración con U sano y publicado en Crónica médica en 193 7 .12 ACTIVIDAD DURANTE LA REPÚBLICA y LA GUERRA CIVIL. LA F. U.E. Las biografías de algunos profesores de la universidad valenciana discurren en estos años en estrecha colaboración con los estudiantes de la F.U.E. Esta asociación, de carácter liberal, había sido creada en Madrid a fines del curso 1926-27, en opo­ sición al talante confesional y conservador de la política universitaria de Primo de Rivera y de la asociación de jóvenes católicos, la F.E.C. En los años finales de la 217 dictadura, gracias a la iniciativa y rebeldía de algunos estudiantes de las universida­ des de provincias, con el apoyo de los dirigentes madrileños como Antonio M.ª Sbert, Arturo Soria, Carmen Caamaño, Prudencia Sayagués, Arturo Sáenz de la Calzada y otros, se fueron creando Asociaciones Profesionales de Estudiantes (A.P.E.) que se federaron con Madrid formando la Unión Federal de Estudiantes Hispanos ·(U.F.E.H.). Barcelona tuvo su federación independiente con el nombre de Federa­ ción Nacional de Estudiantes Catalanes (F.N.E.C.). En Valencia pronto se formó un grupo muy activo que, desde la proclama­ ción del decreto del ministro Calleja en 1928, luchó por su derogación13 dirigido precisamente por estudiantes de medicina. Emilio Navarro Beltrán,José A. Dols, Manuel Martínez !borra y otros, desde el curso 1930-31 se enfrentaron al decano y claustro de la facultad por una serie de irregularidades de una minoría de profeso­ res que monopolizaba el poder. La principal reivindicación, expuesta en carta abierta al decano y que luego se publicó en la prensa, se refería a la acumulación de cáte­ dras, amortización de las mismas, analogías etc. No comprendemos las desventajas que depararía a la enseñanza y a nosotros la venida de nuevos catedráticos, que al aumentar el personal docente, a más de facilitar la labor científica aminorarían el trabajo abrumador de los que se hayan de encargar provisionalmente.14 Esta actitud luchadora y reivindicativa se confirmó cuando Antonio M.ª Sbert desembarcó en el puerto de Valencia, terminado su destierro en Mallorca. En el Ateneo científico y literario se celebró una reunión, que continuaba otras clandesti­ nas, por la que se dio carácter oficial a la asociación estudiantil. A partir de este momento, y aunque el Gobierno no aprobaba sus estatutos, puede decirse que los estudiantes tuvieron una gran participación, tanto en Valencia, como en otras uni­ versidades, en el advenimiento de la República.15 Éste era el clima que encontró José Puche a su llegada a esta universidad. Pot supuesto que igual que conectó con los profesores progresistas, también recibió la adhesión de los estudiantes de la F.U.E. Cuando se nombró la junta paritaria de profesores y alumnos, que debía gobernar la universidad hasta que se regularizase la situación en abril de 1931, Mariano Gómez y los estudiantes designaron a José Puche como representante de la Facultad de Medicina. Normalizada la situación, entre 1930 y 1939 Puche Álvarez desarrolló su labor profesional apoyando siem­ pre las opciones más avanzadas que se planteaban en los claustros de la facultad y de la junta de gobierno. No obstante, atendió las tres materias de fisiología según los planes: fisiología general, química fisiológica y fisiología especial y descriptiva -estas dos últimas como asignaturas acumuladas, a pesar de las protestas de los estudiantes. 218 No hubo otro catedrático de Fisiología hasta después de la Guerra Civil. Sus principales colaboradores fueron, como ya se ha dicho, Manuel U sano Martín y Domerio Mas, ambos de la F.U.E., y responsables, sobre todo U sano, de la docen­ cia práctica. Otra persona, muy ce.rcana a Puche, por formación e ideología, fue el joven urólogo Víctor M. Mollá, que colaboró activamente en el departamento de Fisiología del deporte, encaminado a fomentar las actividades deportivas de los jóvenes estudiantes con un criterio científico y médico. En esta línea se trabajó por conseguir un campo de deportes adecuado, tanto por parte de la facultad como por el Patronato de cultura. Manuel U sano hizo un viaje de estudios por Alemania para conocer las instalaciones más adelantadas, pero este proyecto, igual que la construcción de las nuevas facultades de medicina y ciencias, quedó detenido por el viraje de la República en 1934, y después por la guerra. Manuel U sano también marchó al exilio al fin de la misma. Su actividad en Colombia ha sido estudiada por M.ª Eugenia Martínez Gorroño.16 Otro proyecto detenido fue la creación de una revista «de tipo europeo (que) publicará artículos originales de autores españoles y extranjeros, y los trabajos realizados en los laboratorios de la facultad» propuesta por Luis Urtubey, Barcia Goyanes, Sanchis Bayarri y Puche. También, durante tres meses, en 1932, ocupó el cargo de gobernador civil de Palencia. Pero, sin duda, la contribución política y académica más relevante, se dio durante el periodo del Frente Popular y la Guerra Civil. El triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 significó un renacer de las esperanzas en los grupos republicanos de la universidad. Se trataba de volver a los logros y aspiraciones del primer bienio, pero el ambiente fue adquiriendo un grado considerable de crispación, ya que la intervención de los falangistas antes y des­ pués de las elecciones creaba un clima de violencia al que respondían de igual ma­ nera los grupos de izquierda. En la universidad, la junta directiva de la F.U.E. deci­ dió hacerse cargo de la institución y pedir la destitución del entonces rector Fernando Rodríguez Pornos. Un grupo, en representación de los estudiantes, se trasladó al laboratorio de Fisiología para hacer entrega a Puche de las llaves de la universidad, «ya que consideraban que yo era una persona de confianza por mis antecedentes republicanos». Tras el desconcierto inicial, tanto José Puche como los propios estu­ diantes decidieron ponerse en contacto con Marcelino Domingo, recién repuesto por Azaña en el ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes Oo había sido durante el Gobierno provisional) quien le confirmó en el cargo. Y después de ser elegido por el claustro universitario, se recibió el nombramiento con carácter inte­ rino algunos días más tarde, el 27 de febrero. La primera sesión que presidió José Puche fue el 18 de marzo.17 El 16 de abril, a propuesta del claustro, fue ratificado en el mismo. 219 En los cinco meses que transcurren de febrero a junio fue muy difícil mantener el orden público. El 1 O de marzo, al salir de su domicilio, Luis J iménez de Asúa fue agredido a tiros por los falangistas. El desorden creado por estos grupos de pisto­ leros llevó al Gobierno a detener a José Antonio Primo de Rivera, lo que exacerbó . más los ánimos. Después de la destitución de Alcalá-Zamora como presidente de la República el 7 de abril y el nombramiento de Manuel Azaña en su lugar, Santiago Casares Quiroga formó Gobierno, pero tanto él, como el resto de líderes políticos advertían la ineficacia de la violencia y las luchas callejeras que finalmente darían el motivo inmediato para que estallase la sublevación militar.18 En julio, pese a todas las previsiones e incluso advertencias directas, el levanta­ miento sorprendió al Gobierno. Casares Quiroga no fue capaz de dominar la situación y José Giral le sustituyó adoptando una medida de gran responsabilidad como fue la de armar al pueblo. Como se observa, Izquierda Republicana estaba en el vértice del huracán que, finalmente, acabaría por arrasarla. En Valencia, con el curso 1935-36 prácticamente acabado, el nuevo rector hubo de enfrentarse también a las difíciles circunstancias. José Puche se apresuró a enviar al presidente un telegrama rechazando el golpe militar y manifestando su adhesión y la de la universidad al gobierno legítimo de la República. Después, siguiendo las órdenes del Ministerio (O.M. de 26 de julio de 1936) hubo de obligar a catedráticos y auxiliares a que se presentaran, bien físicamente, bien enviando un escrito para justificar su situación, en el lugar donde se hallaban el 18 de julio y su adhesión a la República. Estas órdenes escasamente liberales venían forzadas por una situación bélica no deseada por un Gobierno cuya composición no permite dudas acerca de su ideología liberal y democrática. El siguiente paso fue la elección o ratificación de las autoridades académicas y administrativas. El 19 de agosto, el subsecretario del Ministerio notificaba al rector los nuevos nombramientos que, con escasas novedades, constituirían el equipo dirigente de la universidad valenciana durante la guerra: José Puche, rector; Lluis Gonzalvo, vicerrector; Fernando Ra­ món Ferrando, decano de ciencias; Jose M.ª Ots Capdequí, decano de derecho; Luis Urtubey, decano de medicina y Ramón Velasco, decano de filosofía y letras . La depuración republicana fue numéricamente más amplia que la posterior franquista, y es que aproximadamente el 50% del profesorado era de derecha o indefinido políticamente, pero hay que resaltar que no hubo persecución ni asesina­ to, aunque algunos profesores sintieran temor y se escondieran o huyeran y no se presentaron a cobrar la nómina de septiembre. Por el contrario, en la zona domina­ da por los rebeldes mataron al menos siete conocidos .profesores universitarios, entre ellos al rector de Oviedo Leopoldo Alas García-Arguelles y al de Granada, 220 Salvador Vila. 19 Naturahnente fue la etapa más dura, incluso peor que el exilio, que hubo de vivir este último rector de la República. Durante la guerra, además de atender a las obligaciones propias de su cargo, fue nombrado presidente del Patronato del Centro de Estudios Históricos del País Valenciano ubicado en el Real Colegio del Corpus Christi, presidente de la junta local del Tesoro Artístico de Valencia, presidente del Patronato de Cultura, consejero de Instrucción Pública. Y no eran cargos puramente honoríficos, cada uno de ellos suponía unas responsabilidades que, afortunadamente, ya vamos conociendo.20 En 1937 Puche fue enviado a Madrid como director del Instituto Nacional de Higiene y Alimentación, con el fin de ayudar a la población civil sitiada desde noviembre de 1936. Se estableció un sistema de racionamiento capaz de atender las necesidades de subsistencia ante la escasez cada vez mayor de alimentos. Durante cerca de un año, el Instituto se encargó de dirigir la distribución de alimentos y de calcular la dieta necesaria para los soldados. En esta tarea contó con la colaboración, entre otros, de Francisco Grande Covián, catedrático de Fisiología de la Universidad de Zaragoza. La labor del Instituto no era sencilla, ya que los alimentos de que se disponía no contenían las proteínas suficientes. Las principales fuentes de alimentación proce­ dían de la incorporación de concentrados comprados a Francia e Inglaterra. Las legumbres llegaban de México, el trigo de la U.R.S.S. y algunas asociaciones socialis­ tas europeas o los altruistas cuáqueros americanos atendieron las necesidades de niños y mujeres embarazadas. Además, era necesario organizar su traslado interno hasta Madrid, que entonces estaba sitiado por las tropas sublevadas ... Orientadas estas cuestiones,José Puche regresó a Valencia donde se encontra­ ban el Gobierno y los profesores e intelectuales alojados en la Casa de la Cultura. Como se dice en otro estudio «Fue una época plagada de situaciones difíciles, en la que, a pesar de su clara e inequívoca defensa de los intereses republicanos, en su calidad de rector se vio obligado a proteger en múltiples ocasiones a compañeros en peligro por su afiliación política de derechas, o atender a la salvaguarda del propio patrimonio de la universidad, que en más de una ocasión se vio amenazado por las actuaciones de grupos incontrolados».21 En 1938, hacia el final de la guerra, fue llamado por N egrín para que se hiciera cargo de la dirección de la Sanidad del Ejército de Tierra y más tarde del conjunto de los Ejércitos. Fue ésta la única etapa en la que José Puche estuvo en el frente de batalla y vistió uniforme, aunque nunca se identificó con el espíritu militar. Conti­ nuó como director general hasta que abandonó España el 7 de marzo de 1939 desde Elda, con el Gobierno. 221 EL EXILIO A los 43 años comenzó la última etapa de su vida marcada desde entonces por el dolor y el desarraigo. Y también por la continuidad del trabajo a favor de los vencidos republicanos. Por encargo de Juan Negrín, de quien fue amigo y afín ideológicamente, a pesar del socialismo y el apoyo comunista que éstos le brinda­ ron, se implicó en París en la organización de ayuda al exilio que en estos primeros momentos revestía caracteres dramáticos. Mucho se ha hablado y escrito sobre las organizaciones de ayuda y las discrepancias internas entre socialistas de una y otra tendencia, republicanos, anarquistas y comunistas. Es uno más de los capítulos de­ safortunados de este exilio. Sin embargo, nadie puede poner en entredicho el es­ fuerzo y el trabajo de hombres como Puche que, dejando otra vez de lado su vida personal y sus aspiraciones profesionales, siguió fiel a su compromiso político, hasta que muchos años más tarde, ya en México, pudo normalizar su situación como civil. Su tarea se inició poniéndose al frente del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (S.E.R.E.) que coordinaba las ayudas que con este fin se recibían o destinaba el propio Gobierno. Al poco tiempo Juan Negrín le encomendó la organización de la asistencia a los refugiados que iban a marchar o estaban ya en México. Para ello se trasladó a Nueva York a bordo del buque Normandía, y de allí en avión a México. Pero aquí se produjo la controvertida intervención de Indalecio Prieto, que agravó las disensiones antes mencionadas. Reproduzco la textual versión del propio Puche y haré alusión a uno de los estudios más recientes: MLC: ¿Usted venía como representante del Gobierno? JP: Del Gobierno y con instrucciones concretas. MLC: ¿Se pueden saber? JP: Pues era hacerme cargo del Vita y auxiliar a los primeros contingentes que llegaban. MLC: Fue usted de los primeros que llegó, ¿verdad? JP: Fui de los segundos, porque alguien (risa) llegó antes que yo (risa) y malo­ gró las instrucciones que yo traía del Gobierno legítimo de la República. MLC: ¿Por qué no me habla de eso? JP: Eso lo sabe todo el mundo. El que se hizo cargo de los bienes de la Repú­ blica fue D. Indalecio Prieto ... La excusa que dio para intervenir no era válida, pues decía que el Gobierno había abandonado todo lo que venía en el Vita, cosa que no era cierta. Lo que pasó es que, siendo un cargamento con alto valor material, podía convertirse en poder político. Él tesoro que traía el Vita fue transportado a la casa particular de un funcionario de la Embajada españo­ la, el señor Argüelles, en la calle de las Palmas ... ahí se depositó el cargamento. 222 (El señor Argüelles era como una especie de segundo secretario de la Embaja­ da española. El embajador era Gordon Ordás ... ).22 Después de cuatro años dedicado exclusivamente a la asistencia de los refugia­ dos, el doctor Puche trató de recobrar su vida académica y profesional, que no fue tarea fácil. La primera incorporación a la docencia se dio en el Instituto Politécnico Nacional donde atendió entre 1943 y 1946 la cátedra de Fisiología. En 1947 fue nombrado profesor de fisiología de la Facultad de Medicina de la U.N.A.M. y de fisiología humana hasta su jubilación en 1965. Numerosos colegas, Joaquín D'Harcourt, Hugo Aréchiga y alumnos, dan fe del trabajo y dedicación del doctor Puche a la cátedra, que más tarde completó volviendo a la investigación. Fue inves­ tigador a contrato desde 1967 hasta 1979 en que muere. Convertido en una de las figuras señeras del exilio mexicano,José Puche presidió y alentó el Colegio-Institu­ to Luis Vives, con las orientaciones de la Escuela Cossío de Valencia y la Institución Libre de Enseñanza. Presidió también el Ateneo español y atendió como médico protector a los exiliados, a sus hijos y a sus nietos, ayudado en esta tarea por la doctora Libertad Peña. De su buen hacer y aprecio general dan fe los numerosos libros dedicados por los intelectuales y escritores tanto de la primera como de la segunda generación.23 Su memoria, guardada fielmente por sus hijos y por sus amigos, se acrecienta en ocasiones como la presente. NOTAS 1 Palabras del exilio, 1, «Entrevista realizada por M.ª Luisa Capella», Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 1980, p. 39. 2 Palabras del exilio ... , p. 39. 3 J. L. BARONA , M.ª F. MANCEBO, José Puche Álvarez (1896-1979). Historia de 11n compromiso. Generalitat valenciana, V Centenario, Valencia, 1989, pp. 21 y ss. 4 Institut d'Estudis Catalans (1907-1986), Barcelona, Institut d'Estudis Catalans, 1986. 5 L. GARCÍA DE V ALDEAVELLANO, Prólogo al libro de A. JIMÉNEZ FRAUD, La Residencia de Estudiantes. Visita a Maquiavelo, Barcelona, 1972, p. 19. 6 J. M. SÁNCHEZ RON (coord.), 1907-1987, La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Cient[ficas, ochenta años después, 2 vals., Madrid, 1988. 7 «Los laboratorios de la Residencia. El laboratorio de serología y bacteriología», Residencia, V, 1 (1934), p. 28. Citado en M." F. MANCEBO, «La Universidad en el exilio. El Estado franquista, editor pirata (1939-1945)», La Universidad espaiiola bqjo el régimen de Franco (1939-1945), J. J. CA­ RRERAS y M. A. RUIZ CARNICER (eds.), Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1991. 8 J. PUCHE, «El laboratorio de fisiología», Residencia, ntÍmero extraordinario conmemorativo, México, diciembre, 1963, p. 1. 9 M. SÁENZ DE LA CALZADA, La Residencia de Estudiantes, 1910-1936, Madrid, 1986. 10 Barcelona, Imp. Casa Provincial de Caridad, 1927. 11 Palabras del exilio ... , p. 41. 12 Para su obra científica, J. L. BARONA y M.ª F. MANCEBO, José Puche ÁlvareZ: .. , pp. 125-128. 13 J. LÓPEZ REY, ÚJs eshtdiantes frente a la dictadttra, Madrid, 1930, E. GONZÁLEZ LÓPEZ, El espíritu tmiversitan·o, Madrid, 1931. Una aportación más reciente, M.ª F. MANCEBO, La Universidad de Valencia en guerra. La FUE (1936-1939), Universidad de Valencia, Valencia, 1988 y La Universi­ dad de Valencia de la monarqttía a la República (1919-1939), Instituto Juan Gil-Albert, Universitat de Valencia, 1994. 14 El Mercantil valenciano, 3 de abril de 1930. Actas Facultad de Medicina. Libro 4, Sesión 4 de abril de 1930. 15 Una vivida y vívida descripción de la proclamación de la República en Valencia se encuentra en M. GÓMEZ GONZÁLEZ, Jornadas republicanas de Valencia (Historia de dos días), Buenos Aires, 1942. 16 M.ª E . MARTÍNEZ GORROÑO, «La educación en la Colombia liberal de los años 30 y 40: la trascendente contribución del exilio español a consecuencia de la Guerra Civil. 1936-1939», Migracio­ nes & Exilios, Cttadernos de la AEMIC, 4 (diciembre 2003), pp. 9-30. Sobre Usano, p. 21. 17 Actas de la J1111ta de Gobierno y Consr¡jo del Patronato del Distrito Universitario de Valencia, 1936-1942. 18 Una versión de los hechos, desde el punto de vista de Falange, D. JATO, La rebelión de los estudiantes. Apuntes para la historia del alegre SEU, Madrid, CIES, 1953. 19 Para las depuraciones, M. BALDÓ, «Cambios de profesores en la Universidad de Valencia. Sancio­ nes y depuraciones (1936-1939)», en La Segtmda República: ttna esperanza frustrada. Actas del Congre­ so Valencia capital de la República (abril 1986), Valencia Alfons el Magnanim, 1987, pp. 285-291 y en las mismas, M.ª F. MANCEBO, «Una universidad en guerra» pp. 293-320, cita p. 315, nota. Y M.ª F. Mancebo, La Universidad de Valencia en guerra ... , pp. 68-73. 20 J. RENAU,Arte en peligro, 1936-39, Ayuntamiento de Valencia, 1980. 21 J. L BARO NA, M." F. MANCEBO, José Puche Álvarez ... , p. 52. Trabajo en el que se puede consultar detalles, fotografías y documentos. 22 M.ª L. CAPELLA, «Entrevista a José Puche ... », pp. 58-59. Recientemente Alicia ALTED ha editado EntreMemorias. Las finanzas del Gobierno Republicano español en el exilio, de Virgilio Botella que trata por extenso este tema sin diferir en lo esencial de las palabras de José Puche. Renacimiento, Sevilla, 2002, pp. 80-92. 23 M.ª F. MANCEBO, «Dr. D. José Puche Álvarez», en Manuel GARCÍA (coord.), E xiliados, 3 vols., Generalitat valenciana, 1986, n, pp. 157-166. Un ejemplo: «Para el Dr. Puche, doctor en Medicina y en Amistad con la devoción reconocida de José Gaos»; «Para Pepe con la amistad ya incurable de Emilio» (Emilio Prados); «Al doctor Puche, colaborador eficaz en la defensa de la República, atentamente», Vicente Rojo. Agradezco a Pepe Puche Planás el haberme permitido acceder a estos libros en su casa de Cuernavaca. 224 "'U e :J 1""'+ o en c.. CD :::. en 1""'+ Q) saJJOJ.I8ejetj :oDOIQJd (·pa) UQ91 OP!D3 S919DU'f SO.XflS S07 Á VNVZV VlliOW3:W VI N3: SONV:>IJ:Hfld3:'}1 ÍNDICE PRóLOGO Los suyos que son los míos Rafael Torres INTRODUCCIÓN 13 Azaña y los suyos 17 Angeles Egido León l. POLÍTICA Y POLÍTICOS 23 Ángel Ossorio y Gallardo. Un republicano honorario 27 Feliciano P áez-Camino Anas Augusto Barcia Trelles. Una biografía intelectual 49 Luis Anas Argüelles-Meres Santiago Casares Quiroga. Coruñés, republicano y estadista 57 Andrés Páramo Casas Emilio Baeza Medina. Un político para la Málaga republicana 73 Fernando Arcas Cubero y Antonio García S ánchez 11. DE LA GUERRA AL EXILIO 101 José Giral. Historia de unas Memon·as 1 OS Angeles Egido León Juan Hernández Saravia. Un militar republicano 125 ManuelaAroca Mohedano Osorio-Tafall. Un científico al frente de los comisarios republicanos 145 Isabelo Herreros Mariano Ruiz-Punes. Un penalista en el exilio 161 Concepción Ruiz-Funes 111. EN LA POLÍTICA POR LA CULTURA 175 Luis Bello. Profeta de la Escuela de la República 179 Agustín Escolano Juan Peset Aleixandre. Científico, político, ciudadano 199 María Fernanda Mancebo y Marc Baldó José Puche Álvarez. Ejemplo de honestidad republicana 213 Maria Fernanda Mancebo Alonso José María Ots Capdequí. Un historiador con vocación americanista 227 Mariano Pese! IV. ARTE y COMPROMISO 243 Antonio Espina. Identidad y autenticidad 247 José Esteban Cipriano deRivas Cherif y Manuel Azaña. Una amistad fraternal 257 Juan Aguilera Sastre y ManuelAznar S oler Margarita Xirgu. U na actriz republicana 277 Antonina Rndrigo Carlos Esplá. El periodismo como vocación y como compromiso 291 Pedro Luis Angosto Vélez BIBLIOGRAFÍA 311 La generación de los hombres maduros de hqy, que ha sabido inventar un prqyecto de convivencia política, necesita más que nunca extremar su memoria histórica, y reactivar un legado cultura/y político, el de los padres de la Segunda República española, c19a virtualidad está aún por ver. Pedro Cerezo Galán.1 1 «Ortega y la Generación de 1914», Revista de Occidente, 156 (1994), p. 31.