El escrutinio de la biblioteca de don Quijote consagró una distinción nítida entre la épica caballeresca, censurada junto con las novelas de caballería que provocaron la locura del famoso hidalgo, y la épica de tema histórico que reivindicaba atenerse a la verdad y autenticidad característica de las crónicas, más tardía y más acorde con la experiencia de soldado de Cervantes. Esta dicotomía sin duda le fue sugerida a Cervantes por los propios poemas históricos –con La Araucana de Alonso de Ercilla a la cabeza de ellos– que desarrollaron su proyecto poético en contra de las fabulosas ficciones caballerescas. Este artículo propone reconsiderar esta dicotomía, característica de la épica de la década de 1580, a la luz de la historia del género desde su desarrollo en castellano, a partir de la década fundadora de 1550.











