Reflexiones dispersas sobre la popularidad de Jorge Luis Borges

Este es un texto incómodo escrito contra la corrección política del momento. Hoy en día el relativismo de valores y otros parámetros asociados al postmodernismo se han impuesto en la vida cultural de gran parte del mundo. Digo a propósito impuesto porque se puede percibir la paradoja siguiente. Las teorías postmodernistas, que aparentemente prescriben el fin de todo dogmatismo, terminan en la praxis de los foros públicos exigiendo acatamiento a sus principios centrales. Jorge Luis Borges ha pasado a ser uno de los autores más apreciados por estas corrientes, por razones que trato de explicitar a continuación. Hasta aproximadamente 1975 / 1980 a Borges no le faltaron las críticas convencionales de la izquierda, que lo acusaron de un esteticismo vacío, de exaltar a la oligarquía liberal y hasta de tomar partido por la reacción derechista. Estas necedades e imprecisiones eran lamentablemente abundantes y marcaban el tenor de la crítica izquierdista a los libros de Borges. No es superfluo señalar que algunos de sus censores marxistas se convirtieron, con el paso de los años, en sus más fervientes admiradores postmodernistas. Un ensayo brillante y olvidado de Enrique Anderson Imbert señaló tempranamente (1976) las causas de la aceptación y difusión literarias de Borges. Después de analizar las opiniones del propio escritor sobre el éxito y la democracia, fenómenos con los que Borges mantuvo una irónica distancia, Anderson Imbert reconoció la singularidad del talento individual, la defensa del liberalismo espiritual y la energía estética de extraordinaria intensidad que pertenecieron y adornaron a Borges. En efecto: el talento literario de Borges está fuera de toda duda: el castellano más bello escrito jamás.

Mansilla, H.C.F.. Reflexiones dispersas sobre la popularidad de Jorge Luis Borges. En: Pasajes: Revista de pensamiento contemporáneo, 54 2018: 111-115