Nietzsche, que asistió a la eclosión de la conciencia histórica que produjo la fundación del II Reich, reivindicó tres formas de abordar el pasado que se han convertido en puntos de vista canónicos. Estos tres modos, anticuario, monumental y crítico, dieron frutos excepcionales porque, por encima de todas las diferencias, se desplegaron en una época que estaba comprometida con la ciencia como forma ética de existencia. La historia anticuaria produjo ni más ni menos que la edición de las fuentes germánicas de Theodor Mommsen; la historia crítica se centró en la cuestión de desmitificar la vida de Jesús y la evolución de la iglesia; y la monumental produjo poco a poco la ciencia de la biografía, que de la mano de Ernst Kantorowicz nos dio obras de arte ejemplares, como su magnífica biografía de Federico II. Hoy esas tres formas de comprender la historia nos resultan lejanas porque ya no tenemos una idea sublimada de la ciencia, ni nos emociona una cultura dominada por el sentido heroico de lo sobrehumano, ni albergamos una voluntad de emancipación respecto de las coacciones de la religión, por ejemplo. Pero si queremos entender el presente, hay una diferencia todavía mayor que no debemos ocultar.
Villacañas Berlanga, José Luis. Conciencia histórica y comunidad política. En: Pasajes: Revista de pensamiento contemporáneo, 60 2020: 81-99










