¿Tiene el ser humano un puesto singular en el cosmos?

A los más veteranos de vosotros el título que he dado a esta charla os evocará una obra venerable de la antropología filosófica alemana de la primera mitad del siglo xx: El puesto del hombre en el cosmos (1929), en la cual su autor, Max Scheler, aborda el problema de si, tras las investigaciones de Wolfgang Köhler sobre la inteligencia práctica de los chimpancés, la diferencia entre las formas más evolucionadas de vida animal y las facultades superiores de la especie humana es meramente gradual o, por el contrario, hay una diferencia esencial entre ambas. No voy a discutir aquí la solución que da Scheler a ese problema. Las reflexiones que os expondré están motivadas por un interés similar, pero la orientación metodológica que daré a estas reflexiones difiere de la scheleriana en dos puntos relevantes. En primer lugar, mi pregunta por la diferencia específica humana –lo que Scheler llamaba «el puesto del hombre en el cosmos»– no pretende hallar una respuesta metafísica en algún principio esencial del que supuestamente dimanarían los rasgos peculiares de la condición humana. Yo adoptaré aquí un punto de vista crítico sobre cierta mentalidad surgida en contextos científicos y mediáticos más recientes, cada vez más difundida en el imaginario popular, que tiende a difuminar los límites conceptuales entre las facultades intelectuales tradicionalmente atribuidas a los seres humanos y las capacidades de trascendencia y autonomía que se atribuyen también a máquinas sofisticadas supuestamente dotadas de la denominada «inteligencia artificial».

Marrades Millet, Julián. ¿Tiene el ser humano un puesto singular en el cosmos?. En: Pasajes: Revista de pensamiento contemporáneo, 56 2019-2019: 113-124