Lectura, escritura de mujeres y transmisión familiar en Lengua madre, de María Teresa Andruetto. Aprender de (pos)memoria
Cuando un concepto teórico o un determinado paradigma parecen no bastar como herramienta de análisis, en ocasiones ocurre que se apela a algún prefijo o a una adjetivación que subsane esa carencia. Algo así ocurrió con la incorporación del término posmemoria. Asumiendo el riesgo de retransitar definiciones conocidas, conviene traer a cuento, aunque más no sea de manera breve, algunas consideraciones esenciales: «Postmemory describes the relationship of the second generation to powerful, often traumatic, experiences that preceded their births but that were nevertheless transmitted to them so deeply as to seem to constitute memories in their own right». En Argentina se debatió mucho la pertinencia del concepto. El argumento más señalado para marcar lo que se veía como una falta de operatividad de la designación fue el de Beatriz Sarlo, quien criticó la presunta inflación teórica de ese añadido al que no le encontraba funcionalidad justificada. Recordemos alguna de sus sentencias al respecto: «Se dice como novedad algo que pertenece al orden de lo evidente: si el pasado no fue vivido, su relato no puede sino provenir de lo conocido a través de mediaciones; e, incluso, si fue vivido, las mediaciones forman parte de ese relato».










