Evidentemente cuando todo se desmorona los derechos de la infancia son los primeros en ser vulnerados. En otras palabras, cuando empieza una guerra los niños son las primeras víctimas y los que sufren las mayores consecuencias. Además ante una pregunta así la primera cuestión rápida que debemos hacernos es ¿qué es ser niño en una guerra? Porque las respuestas son muchas. No es lo mismo ser niño en el Cerco de Sarajevo, que se extendió desde el 5 de abril de 1992 al 29 de febrero de 1996, es decir, aproximadamente 4 años, que ser niño en la guerra de Afganistán, que cumple casi 40 años. Aquí, muchos de los niños que vivieron el conflicto en su temprana infancia conforman hoy la población adulta, pero continúan siendo “niños de la guerra” porque la vivieron a esta temprana edad y ello, indudablemente, les dejó secuelas con consecuencias en edades sucesivas. Ningún menor de 40 años en Afganistán sabe lo que es vivir en un país en paz. Lo que sufrieron en su infancia y las consecuencias que ha tenido para ellos los convierte en “niños de la guerra”, pero se les priva de esa categoría porque ya forman parte de otra etapa de la vida. Se olvida con ello que la edad cronológica y la edad biológica, estrechamente relacionada con la salud, no se corresponden en escenarios de conflicto y de postconflicto como estos. En el caso de Afganistán, esto cobra una importante dimensión, pues la media de vida aquí es de 39 años, lo que convierte en un anciano a todo aquel que llega a los 40.
Sánchez, Gervasio ; Vázquez de Agredos Pascual, María Luisa. Los niños de la guerra: paradojas. En: Pasajes: Revista de pensamiento contemporáneo, 54 2018: 77-82










