Este artículo explora la estética videolúdica desde una perspectiva agencial, argumentando que no se limita a la representación visual o narrativa, sino que emerge de la interacción activa del jugador con el sistema. La jugabilidad se entiende como una práctica expresiva y situada, en la que el jugador no solo sigue reglas, sino que transforma el entorno a través de sus decisiones y gestos. La visualidad, en lugar de ser un elemento pasivo, actúa como una interfaz que organiza la acción y modula la experiencia sensorial y cognitiva. A través del análisis de títulos como Sable, Journey y Hades, se demuestra que la experiencia estética en los videojuegos es emergente, configurada en tiempo real por la agencia del jugador. Este enfoque resalta el videojuego como un medio interactivo donde la agencia transforma la experiencia estética.











