El texto expone cómo, en la actualidad, existe un consenso creciente en la comunidad educativa que entiende que aprender Historia no debe limitarse a la memorización de datos, sino que implica el desarrollo de capacidades complejas. Estas permiten al alumnado interpretar el pasado, construir su propio conocimiento histórico y aplicarlo para comprender la realidad social en la que vive. En este contexto, numerosas investigaciones, especialmente a nivel internacional, han profundizado en cómo fomentar el pensamiento histórico en distintas etapas educativas, entendido como una competencia clave para representar y dar sentido al pasado. Sin embargo, esta línea de innovación enfrenta importantes obstáculos. Uno de los principales es el peso de las tradiciones escolares y rutinas arraigadas en la enseñanza de la Historia. Estas prácticas forman parte de lo que se denomina “código disciplinar”, un conjunto de ideas, valores y hábitos que han sido construidos históricamente y que regulan cómo se enseña la asignatura. Este código tiende a perpetuar métodos tradicionales, dificultando la incorporación de enfoques innovadores en el aula. Otro factor relevante es la persistencia de concepciones clásicas sobre el aprendizaje histórico. Estas teorías sostienen que los contenidos históricos son demasiado complejos para niños pequeños y que solo pueden ser comprendidos en etapas avanzadas del desarrollo cognitivo, generalmente a partir de la adolescencia. Sin embargo, investigaciones posteriores, inspiradas en autores como Vigotsky, han cuestionado estas ideas y han demostrado que es posible trabajar conceptos históricos desde edades tempranas, adaptando las metodologías a las capacidades del alumnado. Todos estos elementos influyen en la manera en que se concibe la enseñanza de la Historia y generan tensiones con propuestas pedagógicas que incorporan la imaginación y la fantasía. Estas herramientas, entendidas como la capacidad de crear representaciones mentales y de idealizar la realidad, pueden desempeñar un papel clave en la construcción del pensamiento histórico, aunque tradicionalmente han sido poco valoradas en este ámbito. Finalmente, el artículo propone explorar estrategias alternativas basadas en la imaginación y la fantasía para fomentar el pensamiento histórico. Su objetivo es abrir nuevas vías de investigación y contribuir al desarrollo de enfoques más innovadores en la Didáctica de la Historia, un campo que está cobrando cada vez más relevancia en España.
Bel, J. C. (2017). Fantasía e imaginación: estrategias para el trabajo del pensamiento histórico en educación primaria. En R. Martínez-Medina, R. García-Morís y C. R. García-Ruiz (ed.), Investigación en didáctica de las ciencias sociales. Retos preguntas y líneas de investigación (pp. 341-348). Universidad de Córdoba.
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