Contexto-A: Programa de intervención en violencia de género en jóvenes con medidas judiciales

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2017
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15-09-2017
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Resumen Tesis Doctoral: Contexto-A: Programa de intervención en violencia de género en jóvenes con medidas judiciales M. Victoria Lorenzo López INTRODUCCIÓN La violencia contra la pareja en las relaciones de jóvenes y adolescentes o dating violence, ha sido definida por varios autores como todo acto o ataque intencional de tipo físico, psicológico o sexual de un miembro de la pareja contra el otro, en una relación romántica en la que no existe vínculo legal ni cohabitación (Póo y Vizcarra, 2011; Rubio-Garay, López-González, Saúl y Sánchez-Elvira-Paniagua, 2012). Aunque comparte elementos comunes con la violencia ejercida en las relaciones adultas, requiere de intervención y tratamiento específico, ya que como apuntan diversas investigaciones, es un importante factor de predicción de futuras agresiones una vez instaurada la convivencia (González-Ortega, Echeburúa y Corral, 2008). A pesar de haber sido menos estudiada que la violencia en las relaciones adultas (González y Santana, 2001), una gran cantidad de estudios en diversos países han puesto de manifiesto que la violencia entre las parejas adolescentes y jóvenes es significativa y que incluso, su magnitud es de dos a tres veces mayor a la de las parejas adultas, aunque de menor intensidad (Barnett, Miller-Perrin y Perrin, 1997; Caruana, 2005; González-Ortega, et al., 2008; Jackson, Cram y Seymour, 2000; Montreal-Gimeno, Povedano-Díaz y Martínez-Ferrer, 2014; Stets y Straus, 1989; Straus, 2004; Sugarman y Hotaling, 1989). A pesar de ello, durante años ha pasado desapercibida en el ámbito de la investigación, siendo en las dos últimas décadas, cuando se produce un mayor interés por estudiarla (Archer, 2000; Lewis y Fremouw, 2001). Diferentes investigaciones revelan que en España se dan elevados índices de violencia contra la pareja en población joven, en concreto, entre el 7% y el 40% han sufrido violencia física y más del 90% violencia verbal (Fernández-Fuertes y Fuertes, 2010). Taylor, Stein, Mack, Horwood y Burden (2008), apuntaron que un 56% de adolescentes entre 11 y 13 años había tenido relaciones de pareja durante una o más semanas, y de ellos un 28% había sufrido al menos una conducta violenta por parte de su pareja y un 21% había ejercido actos agresivos. La edad de inicio de los episodios violentos dentro de la relación sentimental viene determinada por muchos factores, Rodríguez-Franco, Antuña, López-Cepero, Rodríguez-Díaz y Bringas (2012) señalan que la violencia se inicia en las mujeres alrededor de los 13 años y en los hombres alrededor de los 16. Otros autores señalan los 15 años como punto de inicio (González, Muñoz y Graña, 2003; Henton, Cute, Koval, Lloyd y Christopher, 1983). Siendo, en cualquier caso, la adolescencia, la edad en la que se inician las primeras relaciones sentimentales. Una particularidad de este tipo de violencia a edades tempranas, es la dificultad que muestran los y las jóvenes para identificarla como tal, tienden a normalizarla y justificarla, especialmente las tácticas de control, los celos y la violencia psicológica. Perciben estos comportamientos como algo corriente y los incorporan en sus estilos de interacción habitual, llegando a formar parte de su repertorio de técnicas de resolución de conflictos en la pareja (Muñoz-Rivas, Graña, O´Leary y González, 2007). Esa normalización del problema puede llevar a la inhibición de buscar ayuda cuando sufren violencia. En este sentido, Ashley y Foshee (2005) señalaron que el 60% de las víctimas y el 79% de los agresores no buscan ayuda para salir de las relaciones violentas. Esta baja tasa de denuncia subraya la necesidad de generar programas proactivos (Wolfe, Crooks y Hughes, 2011) que enganchen a los jóvenes y faciliten la toma de consciencia sobre la gravedad del problema. Entre los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de cometer violencia contra la pareja en la adolescencia destacan la influencia del grupo de iguales, el uso de sustancias, las actitudes de tolerancia y aceptación de la violencia implícitas en la sociedad y que pueden llevar a la normalización de la misma que se produce en esta edad, así como variables que tienen que ver con el ajuste psicológico (hostilidad, agresividad, hiperactividad, baja empatía, ánimo depresivo, escasa capacidad de control de la ira, celos, impulsividad, etc.) (Díaz-Aguado, 2004; Leen, Sorbring, Mawer, Holdsworth, Helsing y Bowen, 2013; González-Ortega et al., 2008; González et al., 2003; Smith, Winokur y Palenski, 2005). Haber sufrido abusos en la infancia, tener baja autoestima y haber cometido actos violentos durante la adolescencia temprana son otros de los factores de riesgo mencionados por Renner y Whitney (2012). Otros factores de riesgo asociados son vivir en un barrio con altos índices de delincuencia y violencia y pobreza (Thornton, Craft, Dahlberg, Lynch y Baer, 2000); la existencia de violencia en el ámbito familiar, la falta de supervisión y la ausencia de normas, la disciplina inconsistente, el abuso, abandono o falta de interacción emocional o conexión con las figuras parentales (Thornton et al., 2000); así como, tener padres con problemas de abuso de sustancias, conducta delictiva y/o violenta (Thornton et al., 2000). Desde el surgimiento de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral Contra la Violencia de Género, se vienen desarrollando en nuestro país diversas acciones para prevenir la violencia de género en jóvenes y adolescentes, especialmente dentro del ámbito educativo, ya que así lo contempla el mencionado texto legal. Estas aproximaciones tienen la forma de campañas de sensibilización, proyectos educativos, materiales didácticos, charlas, etc., y son desarrolladas por instituciones, fundaciones o desde el asociacionismo (Grañeras, Mañeru, Martín y Alcalde, 2007; Torres, 2010) dentro de escuelas e institutos. A pesar de que existen algunos programas aplicados en estos contextos basados en la evidencia (Foshee, Bauman, Arriaga, Helms Koch y Linder, 1998; Taylor, Stein, Mumford y Woods, 2013), estos recursos no alcanzan a llegar a aquellos jóvenes que ya se han iniciado en la violencia contra sus parejas o que tienen un alto riesgo de hacerlo. Uno de los motivos por los que los programas se realizan en el ámbito educativo es la capacidad de este contexto para congregar a gran cantidad de población joven y adolescente, no obstante, diversas investigaciones han descubierto un impacto limitado a corto plazo (Alford y Derzon, 2012), siendo muy complicado generar un cambio de actitudes y comportamientos en el aula, donde compañeras y compañeros están presentes. Otro gran problema de las intervenciones en el ámbito escolar es que los adolescentes que mayores problemas de comportamiento manifiestan, incluida la agresión, suelen mostrar conducta absentista, o abandonan la escolarización a edades tempranas, por lo que no se ven beneficiados de las intervenciones (Ball, Holland, Marshall, Lippy, Sumati, Souders y Westby, 2015). De ahí la importancia de realizar la implementación de los programas en lugares en los que estos adolescentes puedan acudir y recibir tratamiento. Al tratarse de una población con un alto grado de factores de riesgo acumulados, requerirá de programas de prevención selectiva o terciaria, no obstante, dichas medidas preventivas son prácticamente inexistentes en nuestro país. En el caso de esta investigación, se implementó el programa Contexto-A en un ámbito en el que la mayor parte de la población reúne dichas condiciones (adolescentes absentistas, con graves problemas de comportamiento, violencia, desestructura familiar, consumo de drogas, etc.). Para evaluar dicha implementación, se realizó un estudio de viabilidad (feasibility). Este tipo de estudios se caracterizan por ser investigaciones previas de eficacia limitada, en un pequeño grupo de participantes, de cara a averiguar la pertinencia, viabilidad y acogida del programa tanto en la población diana como en el contexto en el que se aplica, es decir, si se puede implementar el programa y bajo qué condiciones. En este sentido, Bowen, Kreuter, Spring, Cofta-Woerpel, Linnan, Weiner, Bakken, Kapla, Squiers, Frabrizio y Fernandez (2009), definen una serie de conceptos asociados a los estudios de viabilidad de los proyectos y cómo han de evaluarse: demanda (en qué medida existe una necesidad de intervenir con la población seleccionada o el entorno); aceptabilidad (cómo reciben los participantes la aplicación del programa); implementación (extensión, probabilidad y forma en que se aplica una intervención según lo previsto); sentido práctico (en qué medida puede realizarse una intervención -existencia de recursos, tiempo, etc.); integración (nivel de cambio necesario en el sistema para integrar la intervención en la estructura existente) y evaluaciones de eficacia limitada (evaluación limitada de la intervención, utilizando una muestra pequeña, una muestra de conveniencia o una muestra no experimental). Otro de los requisitos establecidos para realizar un estudio de viabilidad es asegurar la utilización de un marco teórico adecuado. En este sentido, se seleccionó el Modelo Ecológico (Bronfenbenner, 1977, 1979; Heise, 1998), la Perspectiva de Género (Adams, 1988; Dobash y Dobash, 1979), el Modelo Cognitivo-Conductual (Saunders y Azar, 1989), el Modelo Transteórico de Cambio (Prochaska y Diclemente, 1982), la Teoría de la Entrevista Motivacional (Eckhardt, 2007; Miller y Rollnick, 2002) y el Good Lives Model (Ward y Gannon, 2006; Ward y Stewart, 2003; Ward y Brown, 2004). Los objetivos generales planteados fueron: a) Adaptar el Programa Contexto (programa de intervención, investigación y formación para hombres que ejercen violencia contra sus parejas o exparejas) para una muestra de jóvenes y adolescentes infractores, en riesgo de exclusión social; b) Implementar el programa Contexto-A (programa adaptado) en un Centro de Reeducación de menores y c) Realizar un estudio sobre la viabilidad del programa y de la implementación en el contexto seleccionado. METODOLOGÍA Muestra La muestra la forman 8 jóvenes internos en el Centro de Reeducación de Menores Jaume I de Picassent (Valencia). La media de edad es de 17.63 (DT = 1.19) en un rango entre 10 y 20 años, siendo el 50% menores de edad. En relación a la nacionalidad, el 75% son españoles, el 12.50% de Rumanía y el 12.50% de Marruecos. El nivel socioeconómico de los participantes es bajo o muy bajo en el 50% de los casos, medio en el 37.50% y alto en el 12.50%. El 75% afirmaron haber conocido alguna mujer víctima de violencia doméstica en su círculo social de familiares, amigos o vecinos. El 100% de la muestra contaba con un historial delictivo de robos con violencia e intimidación. En cuanto a la violencia contra la pareja, el 37% reconoció haber agredido físicamente a su pareja de forma grave a través de golpes, bofetadas y agarrarla por el cuello. El 50% admitió utilizar estrategias de control de la conducta de su pareja o expareja a través del móvil y a través de la indicación de cómo se debía vestir o no. El 12.5% ha utilizado frecuentemente la violencia psicológica sexual (amenazando a su pareja con abandonarla si no mantenía relaciones sexuales con él). El 100% de los entrevistados era consumidor habitual de THC, el 37.5% de cocaína y alcohol. El 37.5% tenía padres alcohólicos y/o consumidores de drogas y el 25% tenía a su padre o madre en la cárcel. El 62.5% había sufrido malos tratos físicos (graves) por parte de su padre. Procedimiento Esta investigación comienza con la solicitud, por parte del Equipo Directivo del Centro de Reeducación de Menores Jaume I de Picassent (Valencia) al Programa Contexto, de ofrecer un tratamiento en violencia de género a los menores residentes en el mismo, dada la elevada incidencia de casos con esta problemática que ingresan en CRM. La primera fase de la adaptación consistió en una revisión exhaustiva de la literatura científica sobre este tipo de violencia en jóvenes, los factores de riesgo y protectores asociados a la misma, modelos explicativos, datos de prevalencia, consecuencias, principales programas de prevención, etc. Una vez se recopiló la información sobre aquellos programas de eficacia contrastada y los estándares de calidad de los mismos, se inició la adaptación de las actividades. El número de sesiones fue limitado por las características del centro, no pudiendo realizarse más de doce por el condicionante de tiempo de estancia medio de los menores en el mismo. Al tratarse, Contexto-A, de un programa de prevención selectiva, indicado para jóvenes y adolescentes con acumulación de factores de riesgo e iniciados en el uso de la violencia en sus relaciones de pareja, para seleccionar la muestra, se realizó un cribado previo. Los criterios de inclusión fueron: tener 16 años o más, ser varón, terminar la medida de internamiento que estuviera cumpliendo posteriormente al fin de la implementación del programa, tener una buena comprensión del castellano, y haber ejercido la violencia en sus relaciones de pareja o haber sufrido violencia de género en la infancia. Se seleccionó a 8 jóvenes para el pilotaje del programa, que fueron obligados a asistir al mismo, como parte de su medida de internamiento en el CRM. Tras el pase de pruebas psicométricas, se realizaron tres entrevistas motivacionales a cada uno de los participantes, cada entrevista tuvo una duración aproximada de hora y media. Una vez concluida la fase de entrevistas se realizó la intervención grupal. En total se realizaron 12 sesiones de 90 minutos cada una de ellas. Por último, se realizó la evaluación post test. RESULTADOS Adaptación y diseño del programa Se plantea un formato de intervención grupal en el que se utilizará una metodología experiencial y participativa adaptada a las características de los jóvenes. Las actividades mantendrán un lenguaje y ritmo cuidados, deben ser directas, dinámicas, y deben tratar de promover la participación activa de los usuarios teniendo en cuenta las características propias de esta población En el diseño del programa se incluye un Plan Motivacional Individualizado (PMI) siguiendo las recomendaciones internacionales sobre este tipo de intervenciones. RESULTADOS CUALITATIVOS: EVALUACIÓN DE LA VIABILIDAD DEL PROGRAMA CONTEXTO-A Aceptabilidad e implementación La evaluación de la aceptabilidad referente a los contenidos de las sesiones se realizó tomando medidas tras cada sesión de las siguientes variables Grado de dificultad de la tarea, Grado de interés y participación en las tareas propuestas, ¿Consideras que la sesión ha sido experiencial?, ¿en qué grado? Para evaluar la implementación se tuvieron en cuenta el Grado de consecución de los objetivos de la sesión y Grado de coherencia entre contenido y dinámicas. Los resultados aparecen resumidos en la Figura 1 donde: 1 = nada; 2 = poco; 3 = algo; 4 = bastante y 5 = mucho. Figura 1. Evaluación de viabilidad: Contenidos de la sesión. Clima grupal La evaluación de la aceptabilidad también se realizó valorando el clima grupal, a través de 3 variables, el Grado de cooperación y ayuda mutua entre los participantes, el Grado de respeto entre los participantes y el Grado de satisfacción percibida de los participantes. Figura 2. Evaluación de viabilidad. Clima grupal. Cambio en la motivación de los participantes Se analizó el estadio de cambio en el que se situaron los participantes en cada una de las entrevistas motivacionales para valorar si las mismas habían producido efecto. En la 1ª EM el 50% de los entrevistados se situaban en el estadio de Precontemplación y el 37.5% en el estadio de Contemplación. En la 2ª EM el 12.5% de la muestra continuaron en el estadio de Precontemplación y el 87.5% en el de Contemplación. En la tercera entrevista el 12.5% siguió en el estadio de Precontemplación, otro 12.5% en el de Contemplación y el 62.5% de los participantes se colocó en el estadio preparación para la acción. También se analizaron las metas que los participantes se marcaron en la Tarea para Reflexionar 1. Motivos para cambiar. En relación a las respuestas de los participantes a la primera pregunta, Las razones más importantes por las que a mí me gustaría cambiar…, el 62.5% esgrimieron razones que tenían que ver con mejorar la relación de pareja, estar mejor con sus novias; el 25% refirió querer cambiar para tener un mejor carácter y el 12.5% expresó que sus razones para cambiar era mejorar las relaciones con la familia. Las respuestas de segunda pregunta, ¿En qué crees que te puede ayudar el programa? aparecen resumidas en la Figura 4. Figura 4. ¿En qué crees que te puede ayudar el Programa? Sentido práctico e integración En cuanto al sentido práctico, las coordinadoras refirieron falta de tiempo en las sesiones 4, 6, 7, 8 y 11. En la sesión 4 la razón esgrimida fueron las limitaciones del centro, ya que los participantes acudieron tarde a la sesión. En las sesiones 6, 7, 8 y 11 las actividades planteadas tuvieron demasiados contenidos. En cuanto a la integración, las coordinadoras vieron viable la implementación del programa en el centro, no obstante sugirieron varios cambios. A nivel de recursos humanos, la figura de un educador del centro dentro de las sesiones, en varias ocasiones, supuso una intromisión. Los traslados de los menores en el centro siguen un protocolo rígido que en ocasiones generó retrasos. La normativa del centro entró en conflicto con aspectos terapéuticos del programa, en este sentido, en algunos casos el centro sancionó a los menores por verbalizaciones realizadas durante las sesiones de intervención que iban en contra de la política del centro. RESULTADOS CUANTITATIVOS: CAMBIO EN VARIABLES RELACIONADAS CON LA VIOLENCIA DE PAREJA TRAS LA IMPLEMENTACIÓN DE CONTEXTO-A Debido al tamaño reducido de la muestra y a que la mayoría de variables mostraron una distribución diferente a la normal, se optó por utilizar pruebas no paramétricas para comprobar el cambio producido entre la fase pre y la fase postratamiento. La prueba seleccionada fue el test Wilcoxon, adecuado para contrastar las diferencias entre dos muestras relacionadas que no cumplen el supuesto de normalidad. Tras realizar la prueba Wilcoxon para la impulsividad, se observa un cambio significativo tras el paso por el tratamiento (z = -2.24; p < .05; r = 0.56), observándose una reducción (Mepre = 2.67; Mepos = 2.23). El tamaño del efecto de esta reducción de la impulsividad se considera grande (r = 0.56), según el baremo propuesto por Cohen (1992). En relación a la ira, la prueba Wilcoxon muestra una reducción marginalmente significativa en el factor Expresión interna de la ira (z = -1.90; p = .058), mostrando una tendencia a la disminución (Mepre = 16.50; Mepos = 14) con un tamaño del efecto moderado (r = .48), según el baremo de Cohen (1992). En relación a la autoestima, la prueba Wilcoxon nos muestra que la evolución es marginalmente significativa en la dirección esperada (z = -1.70; p = .09). De manera que la autoestima tiende a aumentar tras las intervención (Me = 3.30) en relación a la fase pretratamiento (Me = 3.05), con un tamaño del efecto moderado (r = .43), según el baremo de Cohen (1992 Sin embargo, el resto de variables no mostraron diferencias significativas entre la fase pre y postratamiento. DISCUSIÓN El primero y el segundo objetivo generales fueron adaptar el Programa Contexto para una muestra de jóvenes y adolescentes infractores que se encontraban cumpliendo una medida judicial de internamiento e implementar el programa en un centro de reeducación de menores. La duración se ha visto comprometida por el contexto en el que se aplicó el programa, teniendo que reducir el número de sesiones para ajustarlo con el tiempo de la medida de internamiento. En este sentido se considera que la duración no ha sido suficiente. Sobre la Adaptación del programa a la población diana, cabe señalar que la edad de los participantes no resultó adecuada según las recomendaciones, ya que alguno de ellos había cumplido la mayoría de edad. No obstante, de cara a realizar un proyecto de prevención selectiva, fue oportuno seleccionar a estos usuarios para su participación, ya que se trataba de jóvenes iniciados en este tipo de problemática y que habían sido condenados en su minoría de edad. Por otra parte, los contenidos fueron socioculturalmente atrayentes, especialmente indicados para la población a la que va dirigido el programa. Para las cuestiones relativas a la Implementación y evaluación, para la realización de Contexto-A, las implementadoras fueron específicamente formadas y entrenadas en violencia de género, tanto a nivel teórico, como práctico. En relación al segundo objetivo hay que destacar que se cumplió de forma completa, siendo el programa completamente implementado en el contexto seleccionado según lo propuesto y planeado en la fase de diseño. El tercer objetivo fue realizar un estudio sobre la viabilidad del programa y de la implementación en el contexto seleccionado. Los estudios de viabilidad o factibilidad se basan en un conjunto de hallazgos que ayudan a determinar si se debe recomendar o no una intervención. La literatura científica publicada no propone estándares para guiar el diseño y evaluación de estos estudios, no obstante, con el fin de realizar un trabajo enmarcado en investigaciones de contrastado interés científico, se han utilizado las guías ofrecidas por Bowen et al. (2009). Siguiendo las recomendaciones de esta autora, la demanda fue evaluada por el equipo directivo y técnico del CRM Jaume I de Picassent. El incremento de ingresos en los últimos años, de jóvenes que presentan esta problemática o que muestran actitudes de tolerancia a la violencia contra la mujer en las relaciones de pareja, motivó la petición de colaboración con las profesionales del Programa Contexto. Para evaluar la aceptabilidad se analizaron los resultados obtenidos en las evaluaciones que tras cada una de las sesiones realizaron las implementadoras en las variables referentes a los contenidos de la sesión: Grado de dificultad de la tarea, Grado de interés mostrado, ¿Consideras que la sesión ha sido experiencial?, ¿en qué grado?; y las variables que analizan el Clima grupal: Grado de cooperación y ayuda mutua, grado de respeto y grado de satisfacción percibida de los participantes. Las coordinadoras valoraron que la mayor parte de las actividades fueron algo, poco o nada difíciles. El contenido experiencial de las sesiones fue igualmente valorado en la línea deseada, resultando la mayor parte de ellas bastante o muy experienciales, lo que suscitó la apertura y la expresión de experiencias personales en los participantes. El Clima Grupal fue satisfactorio. Se encontró que el grado de respeto entre los participantes y hacía las coordinadoras fue alto durante toda la intervención, alcanzando en todas las sesiones su máxima puntuación, aspecto muy resaltable al tratarse de población cumpliendo una medida judicial, que suele presentar conductas socialmente disruptivas. En lo referente al grado de Cooperación y ayuda mutua mostrado por los participantes, también se encontró una puntuación elevada, dándose bastante cooperación entre ellos en la mayor parte de la intervención. La satisfacción con el programa fue bien valorada en la mayor parte de las sesiones. Para evaluar la implementación, entendida como la forma en que se aplica una intervención según lo previsto, se analizaron los resultados obtenidos en el documento Evaluación de la sesión, en concreto en las variables Grado de consecución de los objetivos y Grado de coherencia entre contenido y dinámica. En la mayor parte de las sesiones se cumplieron los objetivos propuestos en las actividades. Sobre el Grado de coherencia entre el contenido y la dinámica, la evaluación de las implementadoras fue igualmente alta, considerando que en todas las sesiones se dio tal coherencia en un alto grado. En lo referente a la Aceptabilidad e Implementación del programa Contexto-A en la población y el lugar seleccionados, se puede concluir que se ha obtenido unos resultados positivos al haber sido la aplicación del programa recibida por los participantes de forma favorable y satisfactoria, y al haberse cumplido la mayor parte de los objetivos planteados según lo previsto. En relación a la parte del análisis de viabilidad en la que se analiza el sentido práctico del programa y la integración del mismo en el contexto seleccionado, las implementadoras refirieron falta de tiempo en casi todas las sesiones. Las particularidades del Centro de Reeducación condicionaron el cumplimiento de tiempo establecido para varias de las sesiones. Por otro lado, al condensar el programa de 38 a 12 sesiones, algunas de ellas quedaron excesivamente cargadas de contenido, faltando tiempo para cumplir con lo previsto. En cuanto a la integración del programa en el contexto seleccionado, hubo aspectos positivos tales como la implicación del equipo técnico y directivo en la realización del mismo, el trato ofrecido, la coordinación y la aportación de parte de los materiales necesarios. No obstante, también hubieron cuestiones de normativa del centro en cuanto al control de la conducta de los menores y la presencia del educador o educadora en las actividades, que en algunos casos entorpecieron el desarrollo de las mismas, por lo que, de cara a la planificación de la implementación definitiva del programa, debieran tenerse en cuenta. En líneas generales, la valoración de la integración del programa en el contexto fue positiva. Los dos últimos objetivos específicos propuestos fueron generar motivación al cambio y a la participación en el programa en los participantes y analizar las metas de cambio propuestas por ellos mismos en las entrevistas motivacionales. Se encontró, tal y como refiere el modelo de Prochaska y Diclemente (1982), motivaciones muy bajas al inicio de la intervención. No obstante, el hecho de que acudan al programa de forma obligada va en la línea de este resultado. En la primera de las entrevistas, se situaron en la etapa de contemplación los participantes 1, 2, 3 y 7. En esta etapa se da un reconocimiento del problema, aunque siguen existiendo dudas sobre cuándo y cómo iniciar el cambio y sobre los beneficios del mismo. Sin embargo, en la segunda de las entrevistas, tan solo el participante 4 permaneció en la etapa de precontemplación, produciéndose, sin embargo, un cambio en el aumento de la motivación de los participantes 5, 6 y 8, que pasaron de la Precontemplación a la Contemplación. En la última de las entrevistas la evolución sigue la lógica establecida por el modelo, dándose un aumento de la misma en los participantes 2, 3, 5, 7 y 8 que se colocan en la fase Preparación para la acción, una etapa en la que se comienza a estar listo para iniciar cambios al asumir la existencia de un problema. Sobre el PMI, cabe destacar que las metas propuestas por cada uno de ellos fueron en la línea deseable. Así, el 62% se estableció metas relacionadas con la mejora de las relaciones de pareja, mejorar la comunicación emocional y reducir el conflicto. Estos resultados indican una alta eficacia de las entrevistas al darse un reconocimiento previo a la intervención de que existe un problema. El 25% refirió como meta personal de cambio el deseo de mejorar su carácter y no expresar tanta ira, un objetivo que también va en la línea adecuada, ya que refleja asunción de responsabilidad de su conducta violenta y una expresión de la ira no deseada. Acerca de los beneficios que los participantes esperan obtener del programa, el 50% de ellos expresaron su expectativa de aprender a comunicarse mejor con sus parejas, lo que manifiesta de nuevo un alto grado de cumplimiento de los objetivos de las entrevistas motivacionales. Del mismo modo, el 25% expresó el deseo de aprender a controlar los celos, el 12.5% de aprender a controlar sus emociones y el otro 12.5% a controlar sus impulsos y no recurrir a la violencia. Es decir, todos ellos manifestaron que el programa podría ayudarles a controlar emociones e impulsos relacionados con sus relaciones con las y los demás, especialmente con sus parejas. En cuanto al objetivo específico dedicado a estudiar la eficacia limitada del programa tras una evaluación pre-post de los participantes cabe destacar, en primer lugar, el reducido tamaño de la muestra, no obstante, no se espera de los estudios de viabilidad grandes tamaños muestrales. De hecho, los estudios de viabilidad a menudo no muestran hallazgos estadísticamente significativos (Arain et al., 2010; Shanyinde et al., 2011). En este sentido se encontró que en casi ninguna de las variables estudiadas se dieron cambios significativos salvo en Impulsividad, en la que si se produjo una disminución significativa tras el paso por el tratamiento. En la línea de los resultados obtenidos por Foshee et al. (2004) y Ball et al. (2009), cabe destacar en los resultados, una tendencia a la disminución de la expresión interna de la ira tras el paso por el tratamiento, efecto que se valora de forma positiva ya que además, como la reducción de la impulsividad, fueron objetivos de cambio que se propusieron la mayoría de los participantes en la 3ª Entrevista Motivacional. Se podría interpretar como un esfuerzo por cumplir las metas propuestas, o al menos, una toma de consciencia sobre los problemas que presentan de impulsividad e ira. Se obtuvo también, con un tamaño del efecto moderado, una tendencia a aumentar la Autoestima. El carácter experiencial de las sesiones y el buen clima grupal conseguido, facilitaron el que los participantes pudieran hablar de sí mismos sin sentirse juzgados, recibiendo el apoyo tanto de sus compañeros como de las implementadoras, lo que pudo traducirse en la comentada tendencia al aumento de la autoestima. Para finalizar, cabe destacar que en la evaluación de las sesiones se han obtenido resultados que avalan la viabilidad del programa en la muestra y el contexto seleccionados. Las técnicas utilizadas para aumentar la motivación en los participantes y la adherencia al programa han obtenido resultados satisfactorios. No obstante, en cuanto a la evaluación de la eficacia medida a través del análisis estadístico cuantitativo, tal y como sucede en este tipo de estudios, no se han obtenido grandes cambios, tan solo en Impulsividad, que tras la intervención disminuyó significativamente. Por todo ello se puede concluir que la adaptación del Programa Contexto en población joven resulta viable, empero, es preciso realizar diversos cambios o ajustes de cara a su diseminación. REFERENCIAS Adams, D. (1988). Treatment models for men who batter: A profeminist analysis. En K. Yllo y M. Bograd (Eds.), Feminist perspectives on wife abuse (pp. 176-199). Newbury Park, CA: Sage. Alford, A. A. y Derzon, J. 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