Caracterización clínica, histológica y biológica de la enfermedad de injerto contra huésped cutánea aguda y crónica

La enfermedad de injerto contra huésped (EICH) es la principal causa de morbimortalidad asociada al alo-TPH tras la recaída. Las manifestaciones cutáneas son las más frecuentes y precoces. No es posible distinguir la afectación cutánea de la EICH de otras dermatosis. Un conocimiento más preciso de las características clínicas, histológicas y biológicas de la EICH cutánea, así como de la incidencia, factores de riesgo y de su pronóstico constituyen una necesidad no cubierta. Un análisis detallado de estos aspectos podría servir para un diagnóstico más precoz y certero y una mejor predicción del pronóstico. Las principales conclusiones fueron: 1) Se confirma la EICH como la causa más frecuente de MSR (44%), asociándose fundamentalmente a las formas agudas más graves de esta complicación (grados III-IV). 2) En relación con la EICH aguda, la forma clínica clásica y los grados menos graves (grados I-II) fueron las presentaciones observadas en la inmensa mayoría de los pacientes (87%), siendo la piel el órgano más frecuentemente involucrado (93%). 3) El único factor de riesgo de EICH aguda identificado fue el tipo de trasplante según el tipo de donante, siendo el TSCU y el TPH haploidéntico los de mayor riesgo de EICH aguda. 4) En relación con la EICH crónica, esta fue precedida de una EICH aguda en la mayoría de los pacientes (70%), siendo la forma quiescente la más común (84%) y con una relativamente baja incidencia de la forma grave (11%). 5) El sitio más frecuentemente involucrado en la EICH crónica fue la mucosa oral, seguido de la piel, siendo las lesiones liquenoides orales, seguido del exantema cutáneo y las úlceras orales las lesiones más frecuentes. 6) El único factor de riesgo de EICH crónica identificado fue la realización de un trasplante previo, tanto autólogo como alogénico. 7) En relación con las características histológicas de la EICH, se observó que el patrón histológico de interfase vacuolar fue el más común. Además, no se encontró una correlación entre la gravedad histológica y la gravedad cutánea o global de la EICH aguda. 8) Las principales diferencias encontradas entre la EICH aguda y las toxicodermias fueron una mayor incidencia de atrofia epidérmica, queratinocitos atípicos y engrosamiento de la lámina basal en la EICH aguda, mientras que en las toxicodermias se observó una mayor presencia de eosinófilos en la dermis y epidermis así como un más abundante infiltrado perivascular y en banda. 9) Los cambios histológicos en la EICH crónica fueron más manifiestos que en la EICH aguda, con una mayor intensidad de vacuolización de la capa basal, mayor proporción de acantosis y un infiltrado inflamatorio más generalizado. 10) Respecto al infiltrado inflamatorio, debemos destacar una mayor infiltración linfocitaria CD4+ en las toxicodermias y CD8+ en la EICH crónica. En cambio, la proporción de linfocitos Tregs en la EICH aguda, EICH crónica y toxicodermias fue similar. 11) En relación con la elafina como biomarcador, el patrón de expresión cutánea no resultó útil para distinguir entre la EICH y las toxicodermias, ni predecir la gravedad cutánea o global ni el pronóstico en términos de MSR y SG. 12) La monitorización de los niveles de elafina plasmática no permitió predecir el desarrollo de EICH aguda, ni mostró utilidad en la diferenciación con las toxicodermias. Asimismo, no se observó impacto significativo en los resultados del TPH (recaídas, MSR, y SG). En consecuencia, parece no ser útil como biomarcador para el diagnóstico o el pronóstico de EICH. 13) Los resultados de este proyecto de tesis doctoral deberían contribuir al conocimiento académico y promover la investigación de factores de riesgo, métodos para el diagnóstico precoz, así como una mayor precisión en el pronóstico de la EICH, con el propósito de implementar medidas prácticas en beneficio de los pacientes afectados.