Hauntologías y ecosofía... ¿por otro mundo de (futuros) posibles?

El planeta atraviesa un período de transformaciones técnico-científicas que, si bien expanden las posibilidades humanas, generan también graves desequilibrios ecológicos que ponen en riesgo no solo —o no tanto— la continuidad de la vida, sino la limitación del desarrollo y perfeccionamiento de las capacidades que en la vida humana ella alberga. El sufrimiento, la guerra, la miseria y la explotación sin rostro caracterizan cada día más un mundo y un presente, el nuestro, cuyo proceso de globalización auguraba los más preciados presagios. Los modos de existencia individuales y colectivos se deterioran poco a poco bajo el fenómeno “efecto túnel” de la ideología de la producción por la producción —y el beneficio capitalista del sistema de precios. Se hallan, de nuevo, padecientes en el extravío irreparable de su naturaleza límbica, pero hoy sin vistas a ampliar el campo de visión periférica. Si el punto más intenso de la inteligencia tiene que ver con la capacidad misma de pensar de otro modo, esto es, dejarse afectar por esa fuerza del afuera —de la filosofía— que cuando adviene trastoca e inverte lo que se consideraba sabido, cierto, ¿qué cabe esperar hoy de este proceso? La desustancialización del pensamiento y la estandarización de la subjetividad caminan hacia la ruina del homo videns, la vida doméstica se ve absorbida por el consumo mediático y la sobreexposición a las pantallas, y las relaciones familiares y los lazos comunitarios se rigidizan o empobrecen. Este panorama refleja una crisis general de la subjetividad, cuya relación con lo existencial, lo político y lo cósmico se encuentra comprometida.

Dykinson