Trastornos del sueño en personas mayores
NAGIOS: RODERIC FUNCIONANDO

Trastornos del sueño en personas mayores

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Trastornos del sueño en personas mayores

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dc.contributor.advisor Cauli, Omar
dc.contributor.author Ibáñez del Valle, Vanessa
dc.contributor.other Facultat d'Infermeria i Podologia es_ES
dc.date.accessioned 2018-09-24T07:11:35Z
dc.date.available 2018-09-25T04:45:05Z
dc.date.issued 2018 es_ES
dc.date.submitted 21-09-2018 es_ES
dc.identifier.uri http://hdl.handle.net/10550/67640
dc.description.abstract En el mundo occidental, las tendencias demográficas actuales se caracterizan por un descenso de las tasas de natalidad y de mortalidad. Esta combinación de tendencias ha producido inevitablemente un progresivo envejecimiento de la población, siendo el sector de la población de edad avanzada el que ha sufrido una mayor tasa de crecimiento en las últimas décadas. Este aumento de la esperanza de vida conlleva necesariamente un aumento de la morbilidad, y por ello, un alto porcentaje de personas mayores se enfrenta actualmente a diversos deterioros físicos y cognitivos asociados a la edad. Estos deterioros requieren de recursos adicionales en los sistemas de salud que tengan como reto la prevención de la discapacidad y deterioro funcional, más que la cantidad de años conseguidos. Por tanto, uno de los objetivos principales de los actuales sistemas de salud es la prevención. Dentro de las estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento en geriatría, se incluye la detección de los denominados síndromes geriátricos por constituir estos una causa frecuente de incapacidad funcional o social. Los síndromes geriátricos fueron definidos por Kane en 1989, en su libro Essentials of Clinical Geriatrics como problemas geriátricos y constituyen los siguientes: inmovilidad, inestabilidad y caídas, incontinencia urinaria y fecal, demencia y síndrome 
confusional agudo, infecciones, desnutrición, alteraciones en vista y oído, estreñimiento, depresión/insomnio, yatrogenia, inmunodeficiencias e impotencia. En esta tesis se estudia uno de los problemas más comunes en la población de personas mayores y que constituye uno de los denominados síndromes geriátricos: el insomnio. Los trastornos del sueño son comunes en las personas mayores y el insomnio representa al más frecuente de ellos. Estos trastornos no son inherentes al proceso de envejecimiento y cuando aparecen, pueden reducir significativamente la calidad de vida, desencadenar diversas patologías y aumentar el riesgo de fragilidad. La fragilidad se considera en la actualidad un síndrome geriátrico independiente que representa la disminución de las reservas fisiológicas del adulto mayor con un aumento de su vulnerabilidad para resultados adversos de salud [Romero, 2010]. Linda Fried et al. publicaron en el año 2001 una de las definiciones más aceptadas de fragilidad. Para ello establecieron 5 criterios: pérdida de peso involuntaria de más de 5 kilos o 5% del peso corporal durante el año precedente, cansancio o baja resistencia a pequeños esfuerzos, disminución de la fuerza muscular (evaluado con un dinamómetro), actividad física reducida y velocidad lenta para la marcha. La presencia de tres de los anteriores criterios constituye la definición de fragilidad y de entre ellos, los factores predictores de fragilidad más importantes parecen ser la pérdida de peso y el cansancio o agotamiento [Xue, 2008]. El cansancio y agotamiento originado por la falta de sueño estaría por tanto asociado al riesgo de fragilidad y consecuente incapacidad. Por otro lado, la detección de trastornos del sueño es fundamental para detectar precozmente otros problemas de salud considerados a su vez síndromes geriátricos como la depresión, asociada frecuentemente al insomnio y al riesgo de fragilidad. Los trastornos del sueño afectan especialmente a las personas institucionalizadas y, sin embargo, existen pocos estudios enfocados a esta población. Es por ello que se ha elegido una población geriátrica institucionalizada como objeto de estudio en esta tesis. Como estudio previo, la tesis realiza una revisión de todos los métodos actuales de estudio del sueño. Estos métodos pueden clasificarse en métodos objetivos (como la polisomnografía o la actigrafía) y subjetivos (como los diarios y los cuestionarios del sueño). De entre todos los métodos estudiados se han escogido tres para su validación cruzada en dos poblaciones de 99 y 62 personas institucionalizadas en seis centros diferentes de la provincia de Valencia. En la primera población se estudió la calidad subjetiva del sueño, mientras que en la segunda población también se estudió la calidad objetiva del sueño. Concretamente, a partir del estudio previo de métodos de evaluación del sueño, como método objetivo se escogió la actigrafía. Todos los participantes del segundo estudio llevaron un actígrafo de muñeca durante una semana que registró sus parámetros de sueño de manera objetiva. Como métodos subjetivos se seleccionaron los cuestionarios del sueño de Atenas y Oviedo. Todos los participantes completaron ambos cuestionarios dejando constancia de la percepción subjetiva de su propio sueño. Además, en el estudio se incluyeron otras variables demográficas (género, edad, estado civil), médicas (fármacos prescritos, enfermedades, etc.), psico-geriátricas (escalas de Barthel, Tinetti y Mini-Mental; y el índice de morbilidad de Charlson), y físicas (análisis de sangre y saliva, incluyendo la concentración de cortisol). Con este estudio se pretende obtener información acerca de la relación existente entre todas esas variables, con especial interés en determinar si existe una correlación significativa entre la percepción subjetiva del sueño y la medición objetiva del mismo. El estudio pretende, además, identificar posibles marcadores para la detección temprana de trastornos del sueño. Los resultados obtenidos son, por una parte, una clasificación actualizada de los métodos de detección del sueño, así como una recopilación y comparativa histórica de los cuestionarios del sueño. Por otra parte, el análisis estadístico del estudio realizado sobre la muestra de participantes arroja diversos resultados interesantes. En primer lugar, se encontró una correlación significativa entre las puntuaciones obtenidas en el cuestionario de Atenas y la subescala 1 del cuestionario de Oviedo (rho =-0.51 p<0.01, test de correlación de Spearman), la subescala 2 del cuestionario de Oviedo (rho=0.62 p<0.01, test de correlación de Spearman) y la puntuación total en el cuestionario de Oviedo (rho=0.57 p<0.01, test de correlación de Spearman). Por el contrario, no se encontró una correlación significativa entre la puntuación en el cuestionario de Atenas y las subescalas del cuestionario de Oviedo relacionadas con el hipersomnio o el uso de ayudas para dormir o presencia de eventos adversos durante el sueño. La edad y el índice de comorbilidad de Charlson fueron identificados como significativamente correlacionados (rho=0.32, p<0.05, test de correlación de Spearman), pero ninguno de ellos estuvo significativamente correlacionado con las puntuaciones del cuestionario de Atenas ni ninguna de las subescalas del cuestionario de Oviedo. No se encontró una correlación significativa entre la edad y los problemas de sueño. Sin embargo, se encontró una correlación significativa (p < 0.05, test de Spearman) entre el número de fármacos administrados diariamente y la calidad del sueño medida tanto por la escala de Atenas como por el cuestionario de Oviedo. En relación a la evaluación del sueño mediante actigrafía, la eficiencia del sueño en esta población alcanzó el valor promedio de 95,31% ±2,57%; el tiempo total de sueño fue de 321,92 ±105,84 minutos; el número medio de despertares durante el sueño fue de 5,47 ±3,32; y la duración media de los despertares de 2,59 ±1,01 minutes. Se encontró una correlación significativa e inversa entre el número de despertares durante la noche medidos con actigrafía o el tiempo total despierto durante la noche y la puntuación total del cuestionario de Oviedo (rho=-0,32, p <0,05, y rho=-0,37, p <0,05, respectivamente). No se observaron efectos significativos entre las otras variables recogidas con actigrafía y las otras subescalas de Oviedo o con el cuestionario de Atenas. Sí hubo, sin embargo, una correlación entre el diagnóstico de insomnio con el cuestionario de Atenas y el número de despertares durante la noche y con el tiempo despierto durante la noche (rho=-0,34, p <0,05, y rho=-0,38, p <0,05, respectivamente). También se identificó una correlación significativa e inversa entre la edad y el tiempo total de sueño registrado por el actígrafo (rho = -0,33 p<0,05, test de correlación de Spearman) o el tiempo en cama durante la noche (rho=-0,32 p<0,05, test de correlación de Spearman). Finalmente, las concentraciones (mg/dL) de cortisol en sangre y saliva re-cogidas durante la mañana fueron estudiadas en relación a las variables del sueño. No se observó ninguna correlación significativa entre la concentración de cortisol en saliva y ninguna variable del sueño medida mediante actigrafía, pero sí se encontró una correlación significativa de la concentración de cortisol tanto en sangre como en saliva con algunas subescalas del cuestionario de Oviedo. Por otra parte, sí se observó una correlación significativa entre los niveles de cortisol en sangre y una reducción significativa del tiempo de sueño (<4 horas) medido con actigrafía. En particular, aquellos participantes que dormían una media de menos de 4 horas presentaron altas concentraciones de cortisol en el plasma sanguíneo (rho=0,56, p <0,01, test de correlación de Spearman). No se observaron correlaciones con el índice de Charlson o con el número de fármacos administrados diariamente. Como conclusión, además de las correlaciones identificadas en el estudio, nuestros resultados muestran la existencia de posibles biomarcadores para la detección de trastornos del sueño. Las relaciones encontradas en este estudio son un punto de partida para conocer las causas y mecanismos que produce un trastorno del sueño. Un conocimiento profundo de estos mecanismos permitirá desarrollar intervenciones médicas y de enfermería orientadas a tratar, prevenir e incluso revertir los trastornos del sueño, reducir el riesgo de fragilidad y mejorar así la calidad de vida de la persona mayor. es_ES
dc.format.extent 338 p. es_ES
dc.language.iso es es_ES
dc.subject sueño es_ES
dc.subject cortisol es_ES
dc.subject trastornos del sueño es_ES
dc.subject personas mayores es_ES
dc.subject detección del sueño es_ES
dc.subject actigrafia es_ES
dc.title Trastornos del sueño en personas mayores es_ES
dc.type info:eu-repo/semantics/doctoralThesis es_ES
dc.subject.unesco UNESCO::CIENCIAS DE LA VIDA es_ES
dc.subject.unesco UNESCO::CIENCIAS MÉDICAS ::Salud pública es_ES
dc.subject.unesco UNESCO::CIENCIAS MÉDICAS ::Medicina del trabajo::Salud profesional es_ES
dc.subject.unesco UNESCO::CIENCIAS MÉDICAS ::Patología::Otras es_ES
dc.description.abstractenglish In the western world, current demographic trends are characterized by declining birth and death rates. This combination of trends has inevitably produced an increase in the aging of the population, being the sector of the elderly population the one that has suffered a bigger growth rate in recent decades in the West (not forgetting that the population of many countries of the so-called third world are beginning to increase their life expectancy). This increase in life expectancy leads to an increase in morbidity, and as a result, a high percentage of elderly people are currently facing various physical and cognitive impairments associated with age. These deteriorations require additional resources in health systems that aim to prevent disability and functional deterioration, rather than the number of years achieved. Therefore, one of the main objectives of current health systems is prevention. Within the strategies for prevention, diagnosis and treatment in geriatrics, it includes the detection of the so-called geriatric syndromes because they constitute a frequent cause of functional or social disability. The geriatric syndromes were defined by Kane in 1989, in his book Essentials of Clinical Geriatrics, as geriatric problems and constitute the following: immobility, instability and falls, urinary and fecal incontinence, dementia and acute confusional syndrome, infections, malnutrition, alterations in sight and ear, constipation, depression / insomnia, iatrogenia, immunodeficiencies, and impotence. This thesis studies one of the most common problems in the population of older people and one of the so-called geriatric syndromes: insomnia. Sleep disorders are common in older people and insomnia represents the most frequent of them. These disorders are not inherent in the aging process and when they do appear, they can significantly reduce the quality of life, trigger various pathologies, and increase the risk of frailty. Fragility is currently considered an independent geriatric syndrome that represents the decrease of the physiological reserves of the elderly with an increase in their vulnerability to adverse health outcomes [Romero, 2010]. Linda Fried et al. published in 2001 one of the most accepted definitions of fragility. For this, they established five criteria: involuntary weight loss of more than 5 kilos or 5% of body weight during the previous year, fatigue or low resistance to small efforts, decrease in muscle strength (evaluated with a dynamometer), reduced physical activity and slow speed for the march. The presence of three of the above criteria constitutes the definition of frailty and among them, the most important predictors of frailty appear to be weight loss and fatigue or exhaustion [Xue, 2008]. The fatigue and exhaustion caused by the lack of sleep would therefore be associated with the risk of fragility and consequent disability. On the other hand, the detection of sleep disorders is essential to detect early other health problems considered in turn geriatric syndromes such as depression, often associated with insomnia and risk of frailty. Sleep disorders especially affect institutionalized people and, however, there are few studies focused on this population. That is why an institutionalized geriatric population has been chosen as the object of study in this thesis. As a preliminary study, the thesis makes a review of all current methods of sleep study. These methods can be classified into objective methods (such as polysomnography or actigraphy) and subjective methods (such as diaries and sleep questionnaires). From all the methods studied, three have been chosen for cross-validation in two populations of 99 and 62 people institutionalized in six different centers in the province of Valencia. The subjective quality of sleep was studied in the first population, while the objective quality of sleep was also studied in the second population. Specifically, from the previous study of sleep assessment methods, actigraphy was chosen as the objective method. All participants in the second study carried a wrist actigraph during a week that recorded their sleep parameters objectively. As subjective methods, the sleep questionnaires of Athens and Oviedo were selected. All the participants completed both questionnaires, thus registering the subjective perception of their own sleep. In addition, the study included other demographic variables (gender, age, marital status), medical variables (prescribed drugs, illnesses, etc.), psycho-geriatric variables (Barthel, Tinetti, and Mini-Mental scales; and the Charlson morbidity index), and physical (analysis of blood and saliva, including the concentration of cortisol). This study aims to obtain information about the relationship between all these variables, with special interest in determining whether there is a significant correlation between the subjective perception of the sleep and the objective measurement of it. The study also aims to identify possible markers for the early detection of sleep disorders. The results obtained are, on the one hand, an updated classification of the sleep detection methods, as well as a historical compilation and comparison of the sleep questionnaires. On the other hand, the statistical analysis of the study carried out on the sample of participants yields several interesting results. First, a significant correlation was found between the scores obtained in the Athens questionnaire and the subscale 1 of the Oviedo questionnaire (rho = -0.51 p <0.01, Spearman correlation test), subscale 2 of the Oviedo questionnaire (rho = 0.62 p <0.01, Spearman's correlation test) and the total score in the Oviedo questionnaire (rho = 0.57 p <0.01, Spearman's correlation test). On the contrary, no significant correlation was found between the score in the Athens questionnaire and the subscales of the Oviedo questionnaire related to hypersomnia or the use of sleep aids or the presence of adverse events during sleep. The age and the Charlson comorbidity index were identified as significantly correlated (rho = 0.32, p <0.05, Spearman correlation test), but none of them was significantly correlated with the scores of the Athens questionnaire or any of the subscales of the Oviedo questionnaire. No significant correlation was found between age and sleep problems. However, a significant correlation was found (p <0.05, Spearman test) between the number of drugs taken daily and the quality of sleep measured both by the Athens scale and by the Oviedo questionnaire. In relation to sleep assessment by actigraphy, sleep efficiency in this population reached the average value of 95.31% ± 2.57%; the total sleep time was 321.92 ± 105.84 minutes; the average number of awakenings during sleep was 5.47 ± 3.32; and the average duration of awakenings of 2.59 ± 1.01 minutes. A significant and inverse correlation was found between the number of awakenings during the night measured with actigraphy or the total awake time during the night and the total score of the Oviedo questionnaire (rho = -0.32, p <0.05, and rho= -0.37, p <0.05, respectively). No significant effects were observed between the other variables collected with actigraphy and the other subscales of Oviedo or with the Athens questionnaire. There was, however, a significant correlation between the diagnosis of insomnia with the Athens questionnaire and the number of awakenings during the night and with the time awake during the night (rho = -0.34, p <0.05, and rho= -0.38, p <0.05, respectively). We also identified a significant and inverse correlation between age and total sleep time recorded by the actigraph (rho = -0.33, p <0.05, Spearman's correlation test) or bed time during the night (rho= -0.32, p <0.05, Spearman's correlation test). Finally, the concentrations (mg / dL) of cortisol in blood and saliva collected during the morning were studied in relation to sleep variables. No significant correlation was observed between the concentration of cortisol in saliva and any variable of sleep measured by actigraphy, but a significant correlation of the cortisol concentration was found in both blood and saliva with some subscales of the Oviedo questionnaire. On the other hand, a significant correlation was observed between blood cortisol levels and a short sleep time (<4 hours) measured with actigraphy. In particular, those participants who slept on average less than 4 hours had high concentrations of cortisol in the blood plasma (rho = 0.56, p <0.01, Spearman's correlation test). No correlations were observed with the Charlson index or with the number of medications administered daily. In conclusion, in addition to the correlations identified in the study, our results show the existence of possible biomarkers for the detection of sleep disorders. The relationships found in this study are a starting point to know the causes and mechanisms that produces a sleep disorder. An in-depth knowledge of these mechanisms will allow the development of medical and nursing interventions aimed at treating, preventing and even reversing sleep disorders, reducing the risk of frailty, and improving in this way the quality of the elderly people. es_ES
dc.embargo.terms 0 days es_ES

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